EPÍLOGO Aquella fatídica batalla marcó un antes y un después en mi vida, hace 16 años acabe con Víctor, pero antes el de alguna manera ya había acabado conmigo, era difícil ser inmortal en un mundo donde estaba condenada y donde había condenado a los que amaba a vivir en mi pesadilla. La herida que Víctor había tatuado en la piel de mi hija, era llamada en todos los mundos conocidos como la marca del mal, una hermosa niña estaba condena a vivir en el mal, catalogada por una sociedad que no entendía ni la conocía. Había crecido entre tantos cuidados y restricciones, en un intento desesperado de nuestra familia por protegerla de todos aquellos que la señalaban sin conocerla. A veces pensaba que habíamos creado un miedo, en ella, que la hacía temerosa incluso de ella misma, su rebeldía, y s
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