Sus manos me rozaron tan solo un centímetro, pero fue más que suficiente para desatar el caos dentro de mí ser. Sentía que la adrenalina se apoderaba de mí y el deseo intenso de gobernar aquel cuerpo para que fuera solo mío me dejaba extasiado. No me pude resistir y terminé tomando de su mano. Veía un próximo impacto, una bofeteada por mi intromisión. Debía distraerla para lograr mi cometido, cualquier vía era válida con tal de cumplir con la misión. En mi segundo aire, tomé de su otra mano dejándola totalmente indefensa. Su mirada me atravesó de par en par. Sabía que era inminente el impacto de nuestros labios. Me contuve lo más que pude, quería saborearlos por más tiempo pero me limité a solo dejarle el mensaje más esperado. Quería dejarle en claro mis intenciones antes de que

