Inicialmente, Marco se había negado a cualquier contacto conmigo. Ahora, viendo la forma tan diligente en la que sus manos se movían con el grafito sobre el papel, plasmando todo un universo en una pintura, parecía un producto de mis más elaborados sueños. —¿Crees que estarán listas a tiempo? —le pregunté al pintor paseando la vista por todos los lienzos inacabados que tenía en su angosto apartamento. —Sí. No debes preocuparte por eso —asintió el de los ojos verdes sin levantar la mirada del papel y ladrando su cabeza ligeramente a la izquierda, cómo era su costumbre cuando estaba concentrado—. Le daré prioridad a este trabajo. —¿Por encima de tu maestría? —pregunté yo, dudando un poco de su compromiso, pero más aún recayendo en mi incapacidad para confiar en las personas. Él volteó
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