Capítulo 20: Interludio

1081 Palabras
Había pocas cosas que Aleks era extremadamente bueno. Una de ellas era asesinar a sangre fría y la otra, era dejar caer amenazas sutiles para manipular a todos aquellos que fueran lo suficientemente estúpidos como para cruzarse en su camino. Aquello era lo que él intentaba hacer conmigo en ese momento. Había vivido demasiado a su lado como para no conocer a la perfección todas sus tácticas de persuasión. Cuando la reunión terminó, Rafael optó por tomarme de la mano para intervenir antes de que cualquier palabra de Aleks me detuviera en aquella sala. Su reacción, sin embargo, fue demasiado lenta y el rubio pudo adelantarse a sus intenciones con perfecta naturalidad, tal y como si estuviera esperando a que el italiano hiciera su movimiento, sonrió antes de dirigirse a mí. —Ali, necesito tu consejo —dijo cuando vio que Rafael se dirigía hacia mí—. Es un asunto delicado. Rafael frunció los labios y le dedicó a su desdeñoso primo una mirada que amenazaba con fulminarlo en ese mismo instante, más comprendió que si se interponía entre nosotros dos, algo no muy grato sucedería. Como mínimo, aquel hombre era capaz de aparecerse en mi casa solo para molestar, o darle un escarmiento al joven que sería en exceso violento o traumático para él, tal y como si había hecho en el pasado. Todos los presentes fueron saliendo del salón de reuniones, uno tras otro. Ekaterina le dio dos besos en las mejillas a su sobrino y le dedicó unas palabras en ruso que yo no quería ni escuchar. Lucrezia se dirigió a mí haciendo un gesto con las manos que solo podía significar tómatelo con calma y Lucio me dio un beso en la frente como para tranquilizarme, pues sabía que se avecinaba una tormenta. —Siempre dije que Rafael Piccolomini era una horrible distracción para ti —dijo Aleks cando nos quedamos completamente solos en aquel salón, iluminado solo por la luz que se escurría por el ventanal que esperaba detrás del hombre. Sin duda, el halo de luz sobre su cabeza le daba un aire celestial, aunque no fuera más que un ángel caído—. Ahora, viendo lo poco que has logrado, teniendo en cuenta tu gran potencial, me doy cuenta de que te ha arruinado terriblemente. —¿Qué quieres, Aleksy? —pregunté con un desdén que se impregnó en cada fracción de mi rostro como si fuera un reflejo innato—. Tengo planes. Él sonrió. Sin duda alguna, estaba esperando oír esas palabras salir de mi boca. Es más, las estaba esperando, y cuando soltó su respuesta a mis prisas pude saber enseguida el porqué de su sonrisa altanera hacia mí. —Con ese pintor, me imagino —me soltó de inmediato y yo intenté permanecer tan inamovible como me fue posible, aunque por dentro, creí morir. Aleksy sabía de Marco. La única cuestión que retumbaba en mi cabeza era saber por cuánto tiempo y hasta qué punto aquel hombre la había estado prestando atención al pintor, o cuánto le importaba. —Necesitas mi consejo, ¿no es cierto? —intenté en vano disuadirlo—. Dime qué necesitas. Él ladeó su cabeza y atigró sus peligrosos ojos azules. —¡Oh, vamos, Ali! —exclamó él mirándome de una forma condescendiente que no era para nada grata. —No me vuelvas a llamar así. Al final, era inevitable que explotara y terminara actuando de la misma manera que él quería y yo estaba evitando. —¿Tanto te gusta tu nuevo entretenimiento? —preguntó Aleks haciendo que yo cayera en su horrible juego. —Tu negocio no es factible —dije intentando disuadirlo, pero algo me decía que Aleksy no tenía intención ninguna de consultar otra cosa conmigo que no fuera concerniente a mi vida privada—. Los recursos que dedicarás a los negocios con Royal Grace Pharma serán insignificantes comparados con el capital que puedes conseguir si continuas con la línea de trabajo de tu familia. —Y yo que creía que Alicia Salvatore quería dejar todos los negocios turbios de los Piccolomini a un lado y vivir, por una vez, una vida legítima —habló él con una condescendencia en la voz que era tan molesta como toda la inocencia que irradiaba su presencia—. Creo que esa fue tu excusa para romper nuestro compromiso, hace menos de un año. Y aquí estoy, otra vez en Italia; con la promesa de ser un hombre honrado al fin, con un negocio legítimo gracias a tu sagrada influencia, y, aun así, me aconsejas en contra de poner en práctica aquellos estudios que una vez cursé en Harvard. Escucha que honorable sería ser llamado CEO Aleksy Ivankov. Aunque, si mal no recuerdo, tú disfrutabas mucho llamarme Aleks mientras te obligaba a romperte en gemidos. Su descaro resultaba tan irritante como su presencia. Encarándolo con una mirada retadora e irguiéndome sobre la mesa, apoyando las manos sobre la superficie de madera en un golpe estridente, le hablé con tal mordacidad que temí que Aleksy quisiera tomar mi afrenta como un problema personal con el que lidiar de la forma más severa. Y teniendo en cuenta que aquella era la única forma en la que el hombre sabía controlar sus problemas, quizás debí aminorar un poco mi tono. —¡¿Qué pretendes, Ivankov?! —exploté al fin— Un negocio legítimo para ti es impensable. Eres hijo de la violencia, en todos los sentidos de esa horrible palabra. —Pretendo compartir un almuerzo contigo —presionó el hombre—. Y no debes ser tan sensible a la violencia, Ali. Después de todo, incluso cuando tomaste la vida del fiscal DiMaria, advertiste a todos que serías tú, no yo, la que se haría cargo de todos los traidores que se atrevieran a afrontar a la familia Piccolomini. Si aquellas palabras no eran suficiente como para déjame bien el claro que Aleksy me había estado observando desde hacía demasiado tiempo, no sabía qué más pudiera significar. —¿Cuáles son tus intenciones, Aleksy? —Comparte un almuerzo conmigo y te las dejaré saber todas. Para ese punto, me fue imposible negarme, y cuando Rafael me vio cruzando el salón principal de la Residenza seguida por aquel insufrible ángel caído, su rostro se frunció en una mueca de terror de tal envergadura que solo pudo dirigirme una mirada lastimera y pedirme en una súplica silenciosa que no cayera por los juegos de Aleksy.
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR