—Te preocupas demasiado por él— negué rotundamente al escucharlo, aunque ciertamente lo hacía, sin importar la situación que nos envolvía, porque ante mis ojos, Clayrer no podía ser parte de aquello. —¿Te has enamorado?— su pregunta me hizo cerrar los ojos: intranquila, hasta cierto grado molesta. —No— le respondí segura de mí, porque yo sabía que no era amor, sino química, además era imposible enamorarse de alguien en menos de dos meses. —Si no lo haces, no debe importarte lo que suceda con él— me dijo con aquel tono firme. —Él no se merece tener tu compasión— pensé que tenía razón, porque aunque una parte de mí lo estimaba y se negara a creer en aquellos actos de su parte, la otra parte me gritaba y exigía regresarle el daño. —Simplemente, no quiero tener el protagonismo— le dije a

