Apreté mis ojos para contener las lágrimas que se avecinaban. Y lo abracé fuerte. —Abre los ojos Mi vida —dijo un par de segundos después. Cuando los abrí, estábamos en la playa. Yo estaba en su espalda mientras él se adentraba en el mar. Escuché unos gritos que me llamaban y cuando volteé, Rachel nos saludaba dando saltitos en la arena. La saludé sonriente con una de mis manos y ella me lanzó un par de besos. Ramsés se dio la vuelta y lanzó un beso con la mano, ella lo tomó y se lo llevó al corazón. Quise morirme de la ternura con esa escena. Millones de veces me los había imaginado, pero eso definitivamente me había dado demasiada ternura. —No llores que la vas a asustar. Negué —No estoy llorando. Además, no puede vernos. Estamos muy lejos. —Señorita, respuestas para todo, ¿me das un

