—¿Cómo estás? —Preguntó Sky sacándome de mis pensamientos. Yo solo me encogí de hombros y cerré los ojos aspirando el olor de la almohada de mi Ramsés, que tenía abrazada para volver a vivir de mis momearías. Recuerdo haberme quedado inmóvil sin saber que decir y tampoco tomé las llaves. Así que él abrió la puerta y literalmente me arrastró adentro. El lugar era hermoso. Creo que jamás en mi vida había estado en un apartamento tan lujoso. —Podemos cambiar la decoración si quieres. Perdón, estos son mis gustos. Negué —No es necesario, me encanta todo —dije sonriente. -Puedes instalarte ahora mismo si quieres. Caden te ayudará a traer tus cosas. Me encogí de hombros —No es necesario. Puedo traerlas yo misma. Además, no son muchas Pero él negó —Caden te ayudará. —¿En serio por qué me ayudas? —Porque puedo y quiero. Eso es todo. Mañana pasaré por ti para que vayamos a la universidad. Puedes escoger la carrera que quieras. —¿Y por qué quieres? —Porque quiero ayudarte. Suspiré frustrada —Esa no es mi pregunta. —¿Quieres estudiar alguna carrera en específica? —No lo sé, estudiar una carrera universitaria, era algo inalcanzable para mí. —¿Puedo recomendarte negocios internacionales? Me quedé pensativa —Háblame un poco más de eso. Me explicó detalladamente al punto de convencerme. Así que le dije que sí. Me explicó que, si tenía un buen promedio, la universidad me recomendaría a las empresas. Así que, si era estudiosa, podía tener un trabajo. Cosa que me encantó. Esta tarde, Caden me ayudó a mudarme. Yo solo tenía un poco de ropa y eso era todo. Antes de irse, Caden me tendió una tarjeta. —Esto es para usted, señorita Bree. Es una tarjeta de crédito a su nombre y sin límites. El señor me ordenó entregársela —dijo sonriente. Pero yo negué —No puedo aceptarla. Perdón. —Me dijo que me despediría si usted no la aceptaba. Me quedé en silencio sin saber que decir, era injusto que él lo despidiera por mí. Así que la tomé y le di un abrazo. —Sobre mi c*****r te van a despedir. Había tomado la tarjeta, pero no la usaría jamás. Él solamente lo había mandado a que me la entregara, no a que me llevara a utilizarla. Si él se creía inteligente, yo era dos veces más inteligente que él. El día siguiente, fue a verme muy temprano. No sé cómo hacía para lucir tan bien ten temprano. —¿Estás lista para tu primera ida a la universidad? –Preguntó emocionado. Yo había dormido muy poco porque no me acostumbraba al nuevo apartamento y me había quedado despierta leyendo sobre la carrera, así que mi humor no era el mejor. Así que suspiré y asentí sin decir nada más. Caden se adentró en el tráfico de New York y Ramsés y yo íbamos en silencio total. A veces esto me incomodaba, pero hoy no, porque hoy no tenía ánimos de nada. Una media hora después llegamos a la Universidad de New York. Carajos, que ni en mis sueños más locos me imaginé estudiando aquí. La jodida NYU, estaba catalogada como una de las mejores cinco universidades para estudiar negocios. Eso había leído en la madrugada. Me bajé del auto más que emocionada y daba saltitos como tonta, es que j***r, estaba feliz. Ramsés me miraba orgulloso y notaba un brillo en su mirada que antes no había notado. Pero apenas se dio cuenta de que lo miraba y que me había dado cuenta, frunció el ceño. Ignoré ese pequeño detalle y él me animó a que explorara el lugar. Cosa que hice maravillada. El campus no era un campus como el del resto de las universidades, esto era otro nivel, completamente lo era, las bibliotecas, las aulas y las fraternidades se mimetizaban con las calles de la gran manzana. Jodida locura. No paré de sonreír eufórica. Me encontré con Ramsés una hora después. Quise abrazarlo, pero él se veía de esas personas que no abrazaban, así que me cohibí y solo no paré de agradecerle, hasta que me hizo callar, vaya carácter que tenía este hombre. —El decano quiere conocerte. ¿Preparada? —¿A mí? ¿Por qué? ¿Qué hice? —Pregunté nerviosa. Él me dedicó media sonrisa y negó —El decano era amigo de mis padres, así que quiere conocerte. —¿Por qué a mí? —Yo no soy parte de tu familia. —Para el sí. Le dije que mis padres eran tus padrinos. —¿Pero tú te volviste loco? ¿Cómo les vas a mentir así? Se encogió de hombros —Ya está hecho Bree, tú solamente salúdalo y sonríe —dijo con el ceño fruncido otra vez. Suspiré y asentí. No me quedaba de otra. El decano me saludó muy afectivamente, cosa que me hizo entender que entre ellos había mucho. —Ya sabes Knigth, ven a visitarme más seguido. Ahora que está la ahijada de tus padres, espero verte por aquí. Él asintió con media sonrisa y nos despedimos de él. Me entregaron un programa con todo lo que iba a ver, estaba más que feliz. —Empiezas en una semana, estoy seguro de que entrarás en una fraternidad. Eres la ahijada de los Knigth. Estoy segura de que tendrás muchos privilegios. —dijo orgulloso y yo otra vez sentí deseos de abrazarlo. A pesar de que no entendía el motivo por el cual él me había ayudado, le estaba totalmente agradecida. Comimos juntos en un silencio total, siendo sincera, me gustaba, porque no estaba sola, con lo que odiaba comer sola. Era todo en un armónico silencio. Después me dejó en casa, j***r, yo tenía una casa donde tenía muchísimo espacio. Así que me tiré en el piso a sentirlo, me pellizqué unas cinco veces porque tenía que entender que no estaba soñando. Obviamente, me hice un par de hematomas de lo fuerte que me apreté, pero es que no podía creerlo. Tenía una casa e iba a empezar a estudiar en la universidad, una cosa imposible para un huérfano que nunca adoptaron. Estaba decidida a ser la mejor en todo. Quería, o mejor dicho, necesitaba esa recomendación para entrar a trabajar en una de las mejores empresas y poder pagarle a Ramsés todo lo que había hecho por mí. Porque esto yo me lo veía como un préstamo, jamás lo vería como un regalo. No era demasiado suertuda para tanto. Sky volvió a interrumpirme y yo le dediqué una mirada de odio. Así que ella se acostó a mi lado y me abrazó. Volví a cerrar mis ojos conteniendo las ganas de llorar. Me puse a recordar la primera vez que discutimos, hasta sonreí al recordar nuestra primera discusión, fue cuando descubrió que no estaba usando la tarjeta que me había dado. Así que se me gritó y se fue enojando. Era la primera vez que él me gritaba, así que me sentí terrible, estaba hasta recogiendo mis cosas y pensando que todo se había terminado, cuando él volvió con un millón de cosas. —Como no quieres usar tu tarjeta, Caden vendrá mensualmente y te traerá dinero, comida y ropa. —dijo entrando al apartamento. No le discutí, solo asentí porque no quería irme, quería estudiar y quedarme en este lugar el tiempo que él me lo permitiera. Así que solamente lo vi ordenar las cosas. Después de ordenar toda la comida en las alacenas, me miró y se cruzó de brazos. Mañana iras de compras con alguien que contraté para ello. —Eso es absolutamente innecesario —Dije cruzándome de brazos también y retándolo. Cosa que no le había gustado porque frunció el ceño y me mandó a callar. —Estas, por empezar una carrera universitaria, necesitas ropa para ir a clases. Necesitas estar presentable para cuando vayan los capacitadores de las grandes empresas. Él tenía razón, así que asentí —Está bien —dije sin más. Él asintió con media sonrisa y yo lo callé —Pero quiero hacerlo yo, yo quiero ir y comprar todo lo que necesito. —¿Por qué todo tiene que venir acompañado de un pero, Bree? —No te quejes, que voy a usar tu jodida tarjeta —dije de mal humor. —Las malas palabras están de más Bree. —dijo de evidente mal humor. —Pues si vas a querer desayunar conmigo todos los días, vas a tener que acostumbrarte a ellas porque soy muuuuy grosera. —¿Disfrutas, llevándome la contraria? —Preguntó con media sonrisa. Asentí sonriente. Y él negó sonriente también —Igual no hablas mientras comes.
—Bree. Estoy preocupada por ti —dijo Sky haciendo que abriera mis ojos para enfrentarme a la realidad. Una realidad que era una completa basura. Mi amor había muerto. Rompí en llanto sin parar y Sky me intentó consolar. Pero eso era imposible, yo no tenía consuelo y no creía alguna vez llegar a tenerlo.