No sé cuánto tiempo caminé, en serio que no sé. Me detuve en seco un rato después, miré a mi guardaespaldas detrás de mí y le pregunté si me podía llevar a casa. Asintió y paró un taxi. Lo miré confundida, pero no pregunté. No estaba de ánimos de nada. Entré a casa como alma que lleva el diablo y me encerré en la habitación a llorar. Me abracé a la almohada de Ramsés y le pedí perdón. —Hoy me siento una infiel, pero es que ni siquiera sabía que era una cita. De haberlo sabido no habría ido. En serio que no. Por favor, perdóname —dije escondiendo mi cabeza en su almohada. Esa almohada que en mi imaginación olía a él. Me sentía en una regresión total. Acaricié mi tatuaje de mariposa, esa mariposa que me hice en su honor. Esa que tenía su inicial y cerré los ojos fuertes. ¿Cuándo dejaba d

