Nos quedamos en el salón hablando por horas, hasta que le convencí de que fuéramos al médico por la mañana. Me di cuenta de que siempre tuve un poder de convencimiento hacia él y que nunca supe usarlo, solo tenía que insistirle un par de veces hasta cansarlo y obedecía. —Es tarde, ¿te quedas hoy en casa? —Conociéndote como te conozco, estoy segura de que esto fue una emboscada. Sonrió y negó —Sería absurdo dejarte en tu casa a esta hora para pasarte buscando en unas 3 horas, ¿no crees? —Tiene lógica. ¿Me prestas ropa? Quiero darme un baño. Asintió y subimos las escaleras tomadas de la mano. Después me guio a su habitación. —No te asustes, vamos para que escojas tu ropa. Reí para mis adentros, jamás podría asustarme por esto. Escogimos la ropa y me llevó a mi habitación en la que iba

