-Sí, amor. - Dijo, y noté que llevaba un micrófono. -Por aquí, señorita. - Comentó, y entré. Al hacerlo, vi una enorme sala con sofás, donde muchas mujeres conversaban y tomaban copas de algo. De pronto, una voz conocida se acercó. -¡Viniste, Lena! - Dijo Ana. - ¡Cómo me alegra mucho verte! Saqué de mi bolsillo derecho un pequeño regalo. - Es para ti. - Murmuré, y ella sonrió. -¡Gracias, nena! - Dijo Ana, mientras dejaba el regalo en una mesa llena de otros regalos. - No sabía si esto sería suficiente para ti. - Comenté, un poco apenada. Pronto se acercó a la mesa y abrió el regalo. - ¡Qué bonito! Es una pulsera. - Son dos, es algo cursi, pero es para la suerte. La hice yo misma. - Comenté apenada. -Es el regalo más genial que me han dado. - Dijo Ana. - Todos compran lo primero qu

