- Pues no sé por qué me envió contigo (comenté apenada) y después recordé: -Me acuerdo, él dijo que lo estaban buscando para matarlo. - Debe ser por eso (comentó apenado). - ¿Y si le hacen daño? (pregunté) Yo miré a Milo curiosa. - Pues no sé con qué persona se habrá metido. - Pero aún así, sigue siendo el padre de mi bebé (protesté). - Nena, esas personas deben ser muy peligrosas. - Quizás tengan algo que ver con la trata de chicas, ¿no te parece? (pregunté) - y él negó. - No nos meteremos en algo así, lo sabes (comentó). Después de dos horas, ambos estábamos subidos en un avión. Ni siquiera me miraba mal. Le dije que iría de cualquier forma, con o sin él. Además, tenía que aprovechar el boleto que había comprado, así que tuve que comprar otro para Milo. Pronto llegamos; nos t

