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2017 Palabras
Luna Me despido con la mano de Ramiro, que me deja en la casa de mi padre, pensando que tengo que buscar algunos documentos que me faltan para viajar tranquila, aunque en realidad, como cada vez que quiero salir del país, tengo que avisarle con anticipación y notificarle exactamente los lugares donde me alojaré. Ingreso a la mansión y una de las mucamas toma mi abrigo y mi mochila, agradezco y camino decidida hacia el estudio de papá. Desde afuera escucho como habla en otro idioma con uno de sus hombres y nuevamente me sorprendo de la caja de sorpresas que es este hombre con relación al manejo de lenguas. -Hola -digo ingresando, mientras observo al acompañante, que parece un gigante de tan ancho y alto. Su rostro no es menos imponente que su cuerpo, ya que tiene la nariz grande y ancha, con una protuberancia en el puente, que sumado a lo marcada de la arruga del entrecejo y las cejas muy pobladas completamente unidas, lo hacen ver amenazante. -Hola Selene. No te esperaba por acá -saluda mi padre con cara de susto, visiblemente nervioso. -Perdón, vine sin avisar porque necesitaba decirte que voy cuatro días a España -respondo evitando mirar nuevamente al señor extraño, que realmente me intimida al no quitarme los ojos de encima. -¿Tu seguridad va con vos? -pregunta mi papá, removiéndose incómodo en el asiento. -Sí -contesto muy extrañada por su actitud. -Está bien. Anda tranquila -habla señalando la puerta, sin si quiera acercarse o despedirme afectuoso como suele hacer. Lo miro extrañada y dirijo una última mirada a su acompañante, mientras me despido desde lejos. Salgo de la habitación y advierto que hay otros dos hombres en el pasillo, que siguen atentos mis movimientos. Camino despacio alejándome de ellos, intentando entender algo de lo que dicen, recién entonces identifico el idioma, confirmando que se trata de un alemán muy cerrado. Solo una cosa me queda clara: Por primera vez, no parece que sea mi padre quien dirija ese encuentro. Miro hacia el jardín y veo la hermosa e inmensa piscina y el recuerdo de cuando aprendí a nadar llega a mí una vez más. Mi mamá estaba de un lado de las paredes y mi papá del otro, papá me soltó de sus brazos empujándome despacio hacia mamá y yo junté todas mis fuerzas para mantenerme a flote y hacer los movimientos que me habían indicado, para así llegar a los brazos de mi mamá, luego de unos minutos que me resultaron eternos. Cuando salí del agua y escuche sus risas y aplausos sentí que todo el esfuerzo había valido la pena. Suspiro con pesar, sintiendo que el aire se vuelve más denso en mi garanta y me resisto para no lagrimear, preguntándome una vez más cómo esa mujer pudo simplemente dejarme, sabiendo cuánto la amaba y cuánto iba a sufrir sin ella. Con los recuerdos a flor de piel, llego a la puerta, donde al salir ya veo a Ramiro parado afuera del auto. Por alguna extraña razón, mi relación con él parece aportarme tanta paz y seguridad como nunca nadie me hizo sentir, y por primera vez no tengo la menor necesidad de alejarlo o buscar en otros hombres lo que a él le falte. Lo devoro con la mirada mientras acorto el espacio entre nosotros, que simulamos ser un chofer y una jefa normales, por lo que dejo que me abra la puerta del asiento trasero y me subo al auto sin si quiera saludarlo. El rodea el vehículo y sube en el asiento del conductor. Me tomo unos minutos para repasar su perfil y pienso que definitivamente es el hombre más lindo que vi en mi vida. Esa idea me lleva a pensar que el hombre que estaba con mi padre quizás podría decir que es el hombre más feo. Me pierdo en mis pensamientos, repasando la escena tan extraña que vi en la oficina de mi padre sin darme cuenta que en solo unos minutos ya estamos en la casa de los padres de Pablo, donde está el helipuerto del que despegaremos. Cuando llegamos al lugar veo que Ramiro parece nervioso. -¿Todo bien? -pregunto sin entender su actitud. -Sí. Pensé que íbamos a un andén, no esperaba llegar a una casa -responde con fingida tranquilidad. -Es la casa de los socios de los padres de Sol, acá tienen el helipuerto y guardan el avión de la empresa -comento al pasar. -La casa de los Pietrovsky -afirma mirando la inmensa mansión que se alza frente a nuestros ojos. -Claro -digo sin entender su actitud. Escuchamos el motor de un auto y nos giramos para ver que Martín ingresa al lugar, acompañado de Sol y Pilar. Los tres bajan y nos saludamos entusiasmados. Nuevamente siento una tensión rara entre Pilar y Ramiro, aunque no parece haber atracción s****l entre ambos, y confío plenamente en mi radar s****l, tan desarrollado con la práctica de años. -Hola -saluda Pablo, que acaba de aparecer en el grupo, y comienza a saludarnos uno a uno-.Tu papá y el mío están hablando con Pacheco, ¿Vamos llevando las valijas? –le dice a Martín y éste asiente, por lo que se dirigen al primer auto, que es el nuestro. -Los ayudo –se ofrece Ramiro, mientras va con ellos. -Vamos a saludar -sugiere Sol señalando la casa y Pilar y yo la seguimos hacia el interior. Cuando atravesamos la puerta veo a tres mujeres que hablan felices y con voz muy fuerte, inmediatamente Sol se queda helada y se gira para volver sobre sus pasos. -Hola Soly, mi amor –dice la madre de Martín al vernos. La dulce señor se acerca y nos da dos besos a cada una de las tres. -Pasen que les presento a la suegra de Pablo, que vino con Clara a ver unos temas del casamiento -añade la señora, hablando a Pilar y a mí. Las tres seguimos a la dueña de casa hacia el centro de la sala y saludamos a la chica y a la madre de ésta. Puedo notar la tensión en todo el cuerpo de Sol y junto con Pilar nos miramos con preocupación. -Estamos terminando los detalles para la ceremonia, falta tan poco -comenta con alegría la anfitriona, y yo y mis amigas nos limitamos a sonreír y asentir en silencio. Siento la presencia de alguien detrás de mí y al girar veo a Pablo, con el rostro cargado de culpa y una expresión de frustración que me aflige inmediatamente. Sol no se gira a verlo pero estoy segura de que sabe que está allí. -Aprovechando que estas acá Soly, decime, ¿venís sola o con Agustín a la ceremonia? -pregunta la mujer con una sonrisa. Veo que mi amiga se pone blanca como un papel y por un momento pienso que se va a caer al piso desmayada, pero parece sacar fuerzas de algún lugar, para hablar por fin. -Con Agustín, tía. Permiso, voy al baño -responde mientras se gira, y al hacerlo sus ojos se cruzan con los de Pablo y la tensión entre ambos hace que el aire se corte con tijera. Por suerte las tres mujeres no lo advierten y siguen conversando animadamente. Sol camina por el pasillo y se encierra en un apartado y Pilar la sigue, haciéndome seña de que me quede a esperarlas. Escucho como Pablo se despide de las tres mujeres y cuando pasa por al lado mío se detiene, como si dudara en hablarme o no, pero evidentemente decide hacerlo. -¿Cómo está? -pregunta señalando hacia el baño donde esta Sol con la cabeza. -Perfecta -contesto con enojo disimulado. Martín y Ramiro ingresan y saludan a las señoras, educadamente. No puedo evitar ver la mirada de asombro con que la novia de Pablo recorre el cuerpo de Ramiro y me río por dentro, pensando que mi novio no solo en mí causa ese efecto. Salimos de la casa y Pilar y Sol se unen a nosotros unos minutos después. -Ya está todo listo -anuncia Martín, y todos caminamos hacia el galpón donde guardan el avión, los botes y demás. Al llegar, veo al padre de Sol y el de Pablo conversando con otro hombre que lleva traje de piloto, y todos nos acercamos a ellos. Saludamos y subimos, ocupando los asientos más cercanos las tres chicas. En las dos primeras sillas nos ubicamos Sol y yo, detrás de Sol queda Pilar y cuando los chicos suben Martín se sienta junto a ella, quedando Ramiro y Pablo en las sillas del fondo. Comenzamos el vuelo y apenas el avión asciende, Sol corre al baño, evidentemente a vomitar. -Siempre se pone así en los aviones o los barcos -comenta Martín, tranquilizando al resto. Me arrodillo en el asiento mirando hacia atrás y veo que mi amiga y el rubio están muy compenetrados en un juego del celular que ambos tienen desplegado en sus pantallas. Detrás, Pablo y Ramiro están ambos muy serios, y por primera vez noto que tienen un aire similar, me da gracia pensar que mi amiga y yo buscamos a hombres tan parecidos, serios, mayores, con ese aire de correctos y con superioridad moral. Advierto entonces que Pablo mira fijamente la puerta del baño y me imagino que el pobre debe estar sufriendo por no poder expresar libremente su preocupación. ¿Qué estará pensando Ramiro? Pienso sin poder imaginarme el motivo de su abstracción. Simplemente lo veo mirar las nubes, como si buscara en ellas la respuesta a la razón de la existencia humana. Me vuelvo a sentar bien y me quedo dormida sin notarlo. -Luna… ¡Luna! -escucho que grita Sol muy fuerte mientras me sacude el hombro. Abro los ojos y veo que todos me están mirando con atención. -¿Qué pasó? -pregunto preocupada. -Tuviste una pesadilla -responde Sol con el rostro compungido. Intento recordar, pero no encuentro nada en mi mente que me lleve a pensar en el sueño. Niego con la cabeza y miro a Ramiro, que parece tan confundido como el resto, por lo que evidentemente esto no es algo común. -Bueno, fue solo un sueño, no exageren -digo mientras comienzo a buscar en mi bolso unas galletitas que traje para el viaje. Todos vuelven a sus asientos, salvo Sol, que nuevamente va al baño, aunque esta vez vuelve pronto. Me quedo varios minutos en silencio, buscando alguna imagen que me recuerde lo que estaba soñando pero por más que lo intento no logro encontrar nada, ninguna pista de que pudo haber sido. -¿De qué estarán hablando? -pregunta Sol, señalando hacia atrás con la cabeza. Presto atención y entiendo que se refiere a Ramiro y Pablo, que están enfrascados en una conversación aparentemente muy interesante, aunque no logro distinguir las palabras exactas. Me vuelvo a arrodillar en mi asiento y mirar hacia ellos, y entonces veo que Martín y Pilar duermen, mi amiga apoyada sobre el hombro del rubio y éste con su cabeza sobre la de ella. -Son tan tiernos -le digo a Sol y ésta se incorpora imitando mi pose, pero al girar se pone pálida y lleva la mano a la boca, para luego correr al baño nuevamente. Los chicos y yo miramos la puerta y evidentemente Pablo no se resiste más y se para y camina hacia allí. La toca un par de veces y pregunta. -¿Te puedo ayudar en algo? -No -responde Sol desde adentro. Se escucha el sonido del agua corriendo y unos minutos después mi amiga sale. Pablo todavía está parado en la puerta y cuando sus miradas de cruzan veo tanta tristeza en ambos que me siento muy apenada porque no puedan animarse y dejar todo, para intentar, y ver hasta donde les lleva esto que, evidentemente, ambos sienten. -Los aviones y los barcos son mi karma -explica mi amiga cuando se sienta a mi lado nuevamente. Pablo regresa a su asiento y retoma su conversación con Ramiro. Luego de varias horas de sueño, por fin llegamos a España, y estoy ansiosa por comenzar estas mini vacaciones tan merecidas.
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