Narrador desconocido.
El aliento de ambos se mezcla cuando sus bocas están demasiado cerca, ninguno habla, ya que ambos están hipnotizados por el otro.
Los ojos azul profundo de ella, chocan con el azul brillante de el.
El frío metal del arma en la frente de Dylan, logra sacarla de esa rara hipnosis que le provoca el chico golpeador, pero no la deja hablar ya que de un momento a otro sus bocas están unidas.
Ninguno de los dos está pensando en nada, solo en lo bien que se sienten los labios del otro, el arma cae al piso cuando las manos de Vladimir comienzan a conocer el cuerpo de Dylan.
Dylan disfruta el beso de aquel desconocido, disfruta del toque de sus manos, sabe que esto no está bien, pero no puede parar, no quiere parar.
Vladimir siente tanto deseo y exitación, que no logra pensar en nada, más que en querer follar a la mujer que cuelga de su cintura.
Ambos saben que jamás han sentido un deseo tan grande como el que sienten ahora mismo, es inexplicable, raro pero satisfactorio.
Dylan, puede sentir la ereccion del desconocido al momento que Vladimir comienza a frotarse contra ella. Dylan no es una mujer tímida, así que a como puede llega al botón del pantalón, y logra desabrochar lo, adentra la mano mientras Vladimir baja los besos al cuello.
La tensión, el deseo y la exitación y incrementa a cada segundo. La mano de Dylan acaricia el gran y duro m*****o mientras Vladimir rompe la blusa de Dylan y deja expuestos los grandes pechos de la desconocida.
A ella no le importa la ropa, la urgencia tan rara de sentir sus manos sobre ella es mayor, no entiende porque lo hace, no entiende porque le gusta, solo sabe que lo está disfrutado, por fin a encontrado algo o alguien a parte de bailar que la haga sentir libre.
Vladimir no se queja de la mano de la sexy desconocida en su m*****o, pero necesita más, se distrae metiéndose los pezones a la boca... la desconocida suelta pequeños gemidos que lo logran poner aún más duro.
Camina con ella en su cintura hasta chocar con la pared del callejón, la baja y pone de espaldas, aparta el cabello del cuello y vuelve a besarlo.
Sus manos aprietan los grandes pechos antes de bajar hasta llegar al pantalón, que logra bajar sin ningún problema, de un tirón rompe las bragas que caen en algún lugar.
Con una mano en uno de los pechos, con la otra acariciando el c******s y sintiendo lo mojada que la a puesto. Sigue besando y mordiendo levemente, disfrutando de los ruiditos que suelta la sexy mujer.
Deja la tarea de acariciar el pezon y termina de sacar el gran m*****o, que comenzará a doler si no recibe la atención del coño mojado que tiene al frente.
Ambos están desesperados por más, y ninguno entiende el porqué, pues son dos desconocidos que apenas y se miraron, pero eso no basto para que Dylan alzará el culo y darle mejor visibilidad y disponibilidad al desconocido que se esta adentrando en ella.
-Joder... - gime al sentir lo apretado que es el coño de la desconocida.
La voz del desconocido al oido logra erizar cada centímetro de la piel de Dylan, es gruesa y varonil. Las embestidas hacen que ella pegue la cabeza a la pared, es un dolor placentero que la pone a gimotear.
Vladimir se aferra a la cintura de Dylan, incrementando los movimientos pelvicos. No les importa estar a la mitad de un callejón vacío, ni mucho menos evitar los ruidos que salen de sus gargantas, solo disfrutan del placer que les da el cuerpo del otro, sin importar las consecuencias.
Ninguno de los dos siente pena por lo que están haciendo, cualquiera lo sentiría, pero ellos no son cualquiera, solo que ellos no lo saben.
Vladimir, la toma del cabello y reparte nalgadas en ambos glúteos sin dejar de embestir... las descargas de placer son para ambos.
-¡Más!- logra pronunciar en medio del placer. Vladimir sonríe de medio lado, a estado con demasiadas "mujeres" pero ninguna era suficiente mujer, no como la de ahora.
Ninguna mujer había aguantado que le metiera todos sus centímetros y grosor, en cambio esta pide más, cosa que lo logra calentar a un más.
Nalguea, embiste y jala.
Los testículos chocan con el coño encharcado de fluidos, el sonido de sus cuerpos chocando es lo único que se escucha en el desierto callejón.
Ella rasguña la pared, y el aprieta las nalgas marcadas. Las paredes vaginales comienzan a apretar más el m*****o, como si quisieran exprimirlo. Algo se forma en el vientre bajo de Dylan, las
embestidas no paran, de echo incrementan, el m*****o se hinca dentro... ambos siguen gimiendo llenos de un placer nunca antes experimentado, y ambos se dejan venir presos del mejor orgasmo que han tenido...
Vladimir sale lentamente de ella, y se sostiene de la pared para tratar de recuperar la respiración de tan tremenda eyaculacion que a tenido.
Los ojos de Dylan van hacia su reloj y rápidamente comienza a vestirse.
-Mierda, mierda, mierda- murmura llamado la atención del desconocido, que la mira con curiosidad, le parece conocida pero no sabe de donde.
Abrocha su sueter para no dejar ver nada y camina hasta donde está su mochila y el arma, la cual ignora al igual que al propietario, toma su mochila y comienza a caminar sintiendo molestia en la entrepierna.
Vladimir no puede dejar que su mejor polvo se vaya sin siquiera saber su nombre, así que la alcanza y la toma del cuello, cosa que en vez de asustar a Dylan la excita.
-¡Oye!- intenta quitárselo pero este ejerce más fuerza - No diere nada del muerto, pero ahora me tengo que ir o terminare igual que el Vladimir se queda hipnotizado por el movimiento de su boca, y se imagina mil cosas con ella. -¡De verdad me tengo que ir!- le grita y este sale de su idiotez.
-Tu nombre- pide tratando de no sonar desesperado, mientras el acento ruso no le pasa desapercibido a Dylan.
-Me tengo que ir- golpea lo que minutos atrás tenia metido, Vladimir se lleva las manos a su amado órgano reproductor, lleno de dolor pero con una sonrisa, la mujer solo logra que quiera saber aún más de ella.
Vuelve alcanzarla y la toma nuevamente del cuello.
-Tu nombre y te dejo ir-le dice tan cerca que nuevamente sus respiraciones se mezclan, al igual que sus miradas se encuentran, una nueva oleada de calor los invade.
Dylan piensa en las consecuencias, en los enemigos de sus padres, en sus abuelas, no le puede decir su nombre a este desconocido el cual ya conoce más su cuerpo que cualquier persona pero sin embargo...
-Dylan-susurra y los ojos del desconocido brillan.
Dylan intenta volver a irse, pero Vladimir la toma y estampa nuevamente su boca con la de ella, por primera ves puede decir que le gustan los besos y no los da compromiso.
-Ahora puedes irte Dylan...- ambos están agitados, Vladimir sujeta el rostro ligeramente marcado.
Dylan saca fuerza de voluntad y comienza a caminar nuevamente, hacia su casa, pero se detiene y nuevamente se gira.
-Tu no me has dicho tu hombre- mumura con algo de molestia y Vladimir sonrie antes de agacharse y levantar su arma.
-Te lo diré la próxima vez que nos veamos- un escalofrío recorrió la columna vertebral de Dylan, cuando el desconocido le sonrió, jamás había visto sonrisa tan siniestra y hermosa.
Ella no contesto nada, simplemente siguió con su camino y prometió no volver en unas semanas al bar, solo por precaución.
***
Dylan escala la pared que le da entrada a la ventana de su habitación, lo hace con cuidado y en silencio, suelta un suspiro cuando logra entrar a la habitación y no hay nadie en ella y la puerta sigue cerrada.
Oculta su disfraz y se desnuda, para lanzarse a la cama con una sonrisa, hoy después de mucho tiempo se sintió viva, pues ni el baile la a echo sentir de esta manera.
Una risita se le escapa al recordar lo que hizo y de lo cual no se arrepiente ni un poco. Y de repente recuerda que tuvo sexo frente a un cadáver y en vez de asquearse comienza a reír como loca.
Aquel descosido la hizo sentir muchas cosas con solo mirarla y le gusto, con una gran sonrisa se queda dormida...
***
Vladimir llama a los pocos hombres que trajo con el para que limpien el lugar y se lleven al primer muerto.
Camina hasta el lugar donde se follo a Dylan.. sonríe solo de recordar su nombre, se agacha y toma las bragas rotas que yacen en el suelo.
-Volveremos a vernos Dylan, tenlo por echo- murmura solo para el, guardando en su bolsillo las bragas.