Mabel.
Guardo el móvil en mi habitación y vuelvo a bajar, para la cena como todas las noches. Me siento en la cabeza de la mesa, siempre me hace sentir importante estar en esta silla.
-¿Como estuvo la escuela?- pregunta abuela J, y lo único que se me viene a la cabeza es la imagen de Vladimir entre mis piernas...
-De maravilla- le sonrió.
Me aclaro la garganta llamando la atención de ambas, tendré una conversación algo tensa con ellas.
-Me e hartado del periodo- dejo los cubiertos en el plato y miro a Cintia, que ya me está juzgando con la mirada. -Quiero comenzar a tomar anticonceptivos, para detenerlo.
No se si sea verdad esto, pero lo leí en Google, y espero si lo sea.
-Quieres ir al ginecólogo, ¿eso es lo que estás pidiendo?- habla abuela J, cuando ve que me estoy peleando con Cintia, con la mirada.
-Si, eso quiero- Necesitó seguir follando con Vladimir, sin tener miedo a quedar muy embarazada.
-Ósea que ya quieres andar como tu madre, de zorra- Cintia comienza a soltar veneno. -Yo no me creo tu cuento del periodo, cuéntanos Dylan ¿a quien le estas abriendo las piernas?.
Tomo mucho aire, y abuela Jenna literalmente aleja el cuchillo que quedaba justo al lado de mi mano sana, pero como siempre no defiende a su hija, o a mi.
-A nadie, yo simplemente quiero dejar de estas sufriendo mes tras mes- miento -Aun no estoy lista para iniciar mi vida s****l, abuela- pongo mi cara más dulce y ofendida, pese a que es una mujer estricta, se que soy su debilidad -Se que mi madre es mala, que se equivoco, pero yo no soy ella, no soy tan idiota- no me gusta hablar así de la mujer que me trajo al mundo, pero si eso me llevara a tener pastillas anticonceptivas creo que vale la pena.
-Además, algún día empezará su vida s****l, Cintia- se mete abuela J -¿Quieres ser bisabuela tan rápido?-
Casi sonrío cuando Cintia comienza a pensárselo.
-Haré una cita para mañana después de la escuela- me aguanto las ganas de sonreír.
-Me queda perfecta esa hora- sigo comiendo con una preocupación menos.
El teléfono de casa comienza a sonar y es abuela J, es quien se para a contestarlo.
-Cintia, ven aquí- Cintia se levanta enojada, toma el teléfono y la cara se le trasforma de inmediato, a una que jamás había visto ¿miedo?.
-No tienes derecho a reclamar nada- dice al teléfono -Solo eso, un cheque, solo diste un cheque, juraste guardar el secreto, pues dile que es hija de Saul- Jenna me mira con preocupación, como si no quisiera que supiera algo. -Saul es un vago y deja hijos por donde sea, no, no me importa Adolfo, dile a Faddei lo que quieras menos que es hija de Michelle.
¿Michelle? ¿Soy hija de un Michelle? Mi corazón se acelera y no se porque, pero de repente me dieron muchas ganas de llorar.
-Mantenlo alejado de ella, o tendremos que desaparecer nuevamente- y cuelga.
Me quedo viéndolas a ambos, en busca de una explicación que se que no tendré.
-¿Quien era?-
-Tu abuelo- se adelanta a decir Jenna mientras Cintia se la come con los ojos.
-¿Abuelo?- ambas asienten -¿Porqué no lo conozco?.
-Porque esta en prisión- Vaya familia de locos que tengo y no conozco.
-¿Y quien es Saul?.
-Nadie que te importe- contesta Cintia.
-¿Y Michelle?- mi corazón se acelera, y miro a Jenna con un poco de esperanza.
-Nadie que te importe, termina de cenar y sube hacer la tarea- le suplico con la mirada a Jenna, pero aparta la mirada.
Sigo comiendo sin dejar de pensar en mis padres ¿ellos serán felices sin mi? Puede que talvez si están un poco locos, pero ¿les haré falta? Porque ellos a mi si. Mis ganas de ser libre son las mismas que mis ganas de asesinar a Cintia, pues no compartimos sangre... borro esos pensamientos, es mi abuela pese a no compartir sangre.
Michelle. Me gusta, bonito nombre para mi padre, impone, al igual que Mabel, lástima que mi verdadero nombre no pueda salir a la luz. ¿Como se llamará mamá?. En el pasado pensaba mucho en ella, supongo que me parezco a ella, pues a excepción de los ojos soy muy parecida a Jenna.
Me levanto sin despedirme y subo a mi habitación, me lanzó a la cama y cierro los ojos suprimiendo las lágrimas que amenazan con salir. Llorar es de débiles, me digo a mi misma.
De un momento a otro los ojos del señor de las gomitas aparecen en mi cabeza, cuando los vi me quedé un poco sorprendida por el parecido a los míos, pero es imposible, ya que cuando me hablo, no había acento ruso.
Eso es lo único que se de el, que es ruso y se volvió loco y secuestro a mamá. Y de mamá solo se que tenía síndrome de Estocolmo y se quedó con el, se embarazo, me puso en peligro y mis abuelas tomaron cartas en el asunto.
No les tengo odio o rencor, solo estoy enojada, las cosas serían más fáciles si ellos estuvieran conmigo.
Quito esos pensamientos amargos y voy por el móvil que me dio Vladimir, el cuál me hace sonreír al ver un mensaje.
Vladimir.
Lleva bragas, bonitas y rojas. Me vuelven loco.
Dylan.
Y tu lleva condones.
Vladimir.
No. ¿Para qué?.
Dylan.
Para prevenir embarazos y enfermedades, quien sabe con cuantas follas.
El simple echo de pensar que folla con alguien me enciende el instinto asesino.
Vladimir.
¿Celosa?.
Dylan.
Para nada, solo recuerda esto. Si tu follas yo follo.
Vladimir.
Y tu recuerda que si follas yo corto manos y saco ojos. Solo mis manos te tocan, solo mis ojos te ven, Dylan Wilde.
¡¿Porqué me gusta esto?! Mi respiración se acelero, de repente comenzó hacer mucho calor...
Vladimir.
¿Te calenté? Porque tu a mi si, adjunto evidencia.
¡Maldito! Estoy apunto de apagar el móvil enojada, cuando me llega una foto... ¡Una gran foto de su gran polla!.
Vladimir.
Sueña conmigo y juro que mañana cumpliré ese sueño. Buenas noches, Dylan.
Apago el móvil y lo escondo. Me quedo viendo el techo con el corazón latiendo a mil por hora, con las bragas mojadas y deseando que sea mañana...
Llegan nuevos personajes, nuevos secretos y nuevas dificultades... pero a un paso más cerca de Rusia.
Perdón si hay más faltas de ortografía que de costumbre, estoy muriendo de sueño jaja.