Es Manuel. *** Agarro los auriculares, los cuales guardo en el mismo bolsillo que en mi teléfono, bajando la maleta de mis edredones y dejándola rodar escaleras abajo con grandes choques contra los escalones, hasta llegar a la entrada principal, donde abro la puerta completamente, echando un vistazo la situación con pavor. Decidido. Yo, no voy. Cierro, mirando con miedo al coche, de un portazo la puerta y corriendo a toda velocidad a por una silla, para que no se pueda abrir la puerta desde fuera. Con la silla agarrada sobre mi cabeza y golpeando las lamparas colgadas de el techo, que igual, solo igual, hay que cambiarles las bombillas porque a saber qué pirómano con una silla en la cabeza se las esta cargando en este mismo instante. Pero ha sido Marco, eh, que yo no he estado en ca

