—¿Por qué demonios estás feliz? —le recriminó enojada, mejor dicho, furiosa. —¿Que pregunta es esa, chiquita? Estoy feliz porque tendremos un hijo... O hija. Bueno, lo que importa es que será nuestro bebé. —Igor. No lo planeamos, no es el mejor momento para mí, estoy muy ocupada con mi trabajo... Además, tú y yo no somos nada. Igor se levanta de mi cama, da unos pasos hacia a mi y me envuelve entre sus brazos. —Entiendo que estás abrumada. Un hijo no es algo que se deba tomar a la ligera, y creeme, yo no lo estoy haciendo. Tampoco voy a negar mi felicidad, yo tengo muchas ganas de tener un bebé, solo que no tenemos ni un año juntos y por eso no te lo dije antes, pero ya que llegó... Soy muy feliz. Además... Eres enfermera, sabes cómo debes cuidarte y dudo mucho que en hospital te vaya

