Ocho de días han pasado desde que deje a Dominico en el restaurante, y en esos mismos ocho días mi teléfono no ha parado de sonar con notificaciones de mensajes y llamadas perdidas de él; tal y como en este momento, mi teléfono está vibrando por quinta vez en menos de cinco minutos. —¿Hasta cuando vas a ignorarlo? —pregunta mi madre tomándome desprevenida. Levanto mi cara de la libreta en dónde estoy dibujando a mano alzada y dirijo mi vista a mi mamá. Ella está recargada del marco de mi puerta, su mano sostiene el picaporte y no sé cuanto tiempo lleva allí parada observandome en silencio. —Todavia no me decido —Contesto como si nada soltando el lápiz sobre la hoja— ¿Hace cuánto que estás allí, mamá? —No mucho —. Pasa y se sienta en mi cama— Summer, ¿Segura de lo que vas hacer?... Casa

