Sasha había llevado a los padres de Elize a San Francisco, con la excusa de que había sucedido una emergencia y que no se preocuparan por el costo del viaje que él se ocuparía de todo. En otras circunstancias los padres de Elize no habrían aceptado, pero habían tenido problemas con su hija con la sobredosis y quizás era algo realmente importante. Al llegar del vuelo se quedaron solos en un hotel que pagó Sasha. Ezra y Elize llegaron después. —¿Podrías explicarnos porque ahora estamos en San Francisco? ¿Te sucede algo?—preguntó con preocupación su madre a Elize. Sasha había llegado justo a tiempo pasándole por detrás una caja pequeña a la que Ezra agradeció con murmureos. —Tengo que hablarles de dos cosas, por eso vinimos hasta aquí—espetó atemorizada Elize. Después de todo, Elize

