Christopher ha vuelto a bajar al primer piso de la casa trayendo sus maletas consigo. Él bajó, pero recordando que podía brincar para hacerlo y no tener que verse en la molestia, nunca más de tener que bajar usando la cuerda de sábanas que tanto él como Samantha sabían hacer para cuando querían escapar. Noah le ha sonreído cuando Christopher está en el suelo. — Amigo, esto sí que es genial, me encanta saber que hasta somos muy fuertes — dice Christopher a Noah con una sonrisa de satisfacción en la mirada. — Sí, es lo mejor de todo, ¿Ta traes todo? ¿Nos podemos ir? — dice Noah. — Sí, vámonos antes de que lleguen mis padres a casa, no quiero que nos vean aquí — dice Christopher. — De acuerdo, vámonos. Christopher y Noah se desvían por las calles más solitarias para llegar al casino, t

