Epílogo. — ¡No me alcanzas! — exclamó David antes de salir corriendo. Corrí mucho más rápido con Pegaso a mi lado ladrando, David corría muy rápido y su condición física era demasiado buena, el no tenía ni un pelo de cansado aunque lleváramos bastante tiempo corriendo. Me dejé caer en mitad de la cancha en la que nos encontrábamos agotada, ya no podía más, sentía que mis pulmones se iban a explotar por la carga física que les estaba haciendo hacer. — ¡Eres muy floja bonita! — grito de nuevo el amor de mi vida. Sentí sus pasos corriendo hacia mi y luego su cuerpo sobre el mío. — Me estás aplastando y no tengo aire en los pulmones y tú quieres matarme — David se carcajeo y me ayudó a sentarme. — Yo te ayudo con eso — acercó sus labios a los míos, los unió y luego soplo llenando
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