Harper pasa de ser una simple testigo a la principal sospechosa y cómplice de la conspiración. El cambio de estatus legal y criminal se ejecutó con la velocidad de un trámite burocrático gestionado por sicarios. Ya no era una simple testigo desafortunada que había tenido la mala suerte de aceptar la peor carrera de su vida en la aplicación de Uber; para los archivos internos de Moretti Holdings, y para la mente fría y calculadora de Lorenzo, me había transformado oficialmente en la pieza central de una conspiración internacional de fuga y traición. Me subieron a otra camioneta negra, esta vez sin ataduras en las muñecas —lo cual consideré un insulto menor, como si no representara ninguna amenaza física real para sus gorilas armados—, y el vehículo abandonó el muelle privado serpenteando

