Pov: Clementine Reed.
Tengo prometido. Este no era exactamente el plan para escapar de mi destino. Aun así, quiero ver la cara de mi madre cuando lo sepa y que los Holland se metan su propuesta de “Aceptarme a pesar de lo rumores”, en donde no les da el sol.
Yo valgo más que: “te acepto a pesar de”. Yo valgo miles de libras esterlinas que mi prometido me dará.
Ay, Dios mío. Se siente hasta elegante decirlo.
Comienzo a acostumbrarme, creí que sería más chocante pensar que estoy prometida. No lo es, tengo mucha ansiedad por conocerlo y saber la razón por la que me ha elegido a mí.
Seguro porque soy extremadamente bonita y carismática. Por favor, todo mundo sabe que soy encantadora.
¿Si resulta ser un viejo espantoso? No lo creo, el señor Bauer dijo joven, al menos más joven que él.
Una risita divertida se escapa de mis labios.
¿Por qué soy tan tonta? Comienzo a hacerme ilusiones y eso es justo lo que no debo hacer.
Tanto misterio ya me dio ansias.
No seas una facilona que se encandila con un poco de misterio, un castillo y un posible sexy encantador heredero con ojos intensos y una boca de ensueño.
Ay dios mío. ¡Cómo en los libros de romance!
Aprieto los labios abanicando mi rostro al pensar que cada cosa tonta que leo es pura fantasía, no es real. Pero aquí yo como toda una ingenua pensando pendejadas.
Bravo, Clem, eres toda una soñadora.
Mejor bajo a la tierra y me enfoco. Esto es un negocio, ganaré mi libertad con esto. Basta de fantasías bobas.
De una vez salgo del auto respirando profundo. El auto desconocido y elegante fuera de la casa indica que los Holland ya están aquí.
Levanto el mentón caminando segura.
— Señorita Reed —Saluda Jaime con amabilidad.
— Jaime… —respondo, con una sonrisa.
— Se ve mejor, señorita —susurra y vuelvo en mis pasos para abrazarlo.
— Gracias por ir a buscarme ayer en la noche, por preocuparte siempre. Eres lo que más extrañaré de esta casa —murmuro en un suspiro.
— Oh, señorita Clementine. ¿Se marcha? No tiene que agradecer, yo siempre estaré cuando usted necesite que la cuide —asegura con su tono gentil lleno de cariño.
— Jaime, encontré la solución a mi problema. Me iré esta noche. Tengo un prometido —Sus ojos se abren cargados de asombro.
— Tan pronto…
— Sí, no tienes de qué preocuparte. Lo tengo todo bajo control, lo he elegido yo misma —Presumo, sonriendo triunfante.
— Eso me alegra mucho, la echaré de menos, señorita Clementine —Mis ojos se cristalizan.
— También yo, Jaime. Has sido más padre que los míos. Te invitaré a donde esté, no creo que vuelva aquí, la verdad es que no pienso perdonar a mamá después de esto. Ya entiendo por qué mi hermano Ethan decidió no hablarle más. Ella es egoísta y malvada —Me quejo.
— Clementine, al fin llegas. Te retrasaste —hablando de la malvada bruja de este lugar.
Mi madre se asoma y ni siquiera le importa que estoy hablando con Jaime. Para ella el personal es invisible.
Me pregunto si tiene corazón, normalmente parece carecer de él.
— Adiós, Jaime —Ignoro a esta mujer.
Hoy decreto que deja de ser mi madre.
— Clementine, estoy hablándote. Los Holland están en la sala —Paso por la sala ignorando también las visitas indeseadas—. Clementine, saluda a tu futuro prometido y a sus padres —regaña entre dientes, subiendo detrás de mí.
Odio sus reglas e imposiciones.
¿Quiere que salude a esos desconocidos que solo me ven como una jodida oportunidad?
Dibujo una sonrisa en mis labios y volteo. Desde lo alto de la escalera observo a los Holland.
Se encuentran sentados en el sillón aterciopelado color crema de la sala, la señora Holland trae un conjunto de dos piezas color café oscuro, mientras que los hombre llevan traje n***o. Clásicos al extremo.
— Hola, lamento que pierdan su tiempo. No quiero su oportunidad mediocre de aceptarme a pesar de que en todos lados dicen que soy una maldita ramera ofrecida. Ya tengo un prometido, mucho mejor, que no le importa que sea lo que soy —Los Holland parecen consternados y a mi madre casi se le cae la quijada al suelo.
— ¿Qué estás diciendo? ¿Cómo es eso que tienes prometido, Clementine?
— Soy la prometida del heredero Jäger. Esta noche me iré a su castillo. Superen eso, Holland. ¿No tienen castillo? Qué pena. Mi prometido sí.
Una risita burlona sale y me doy la vuelta agitando mi cabello sintiéndome poderosa.
— ¡Clementine! —exclama mi madre siguiéndome los pasos.
— Ya, madre, deja de molestarme.
— Tienes que estar bromeando, ¿te prometiste con un Jäger? Dime que es mentira —No entiendo qué tiene de malo.
Ella todo lo que no hago tal cual ella quiere le molesta.
— Sí, así es. Niels Jäger, para ser específica. Si me disculpas, tengo que armar mi maleta, me mudaré con mi prometido —Intento cerrarle la puerta en la cara.
— Clementine, ¿acaso conoces a esa familia?
— ¿Tú sí? —Abro mis ojos con desafío.
— Por supuesto que sí, ¿crees que soy una mujer tonta? El castillo Jäger es de las estructuras más antiguas de Londres, ellos son alemanes, no se codean con británicos, si esas personas te aceptan es porque quieren algo de ti. No son de confianza. No lo permito, me opongo a ese compromiso. Además, hasta ayer ni querías casarte. Clementine, explícame cómo pasas de no querer casarte a prometerte con el heredero Jäger —reclama con ímpetu.
— No es tu jodido problema. ¿Crees que voy a creerte o escuchar algo de lo que digas? ¡No! Me cansé de ser tu maldito juguete. No eres mi jodida dueña, soy libre de hacer y decidir lo que se me dé la regalada gana. Ya no eres nada para mí, cuando esta noche me vaya de esta casa, olvídate de mí —advierto herida. Ella siempre vela por lo que desea, nunca piensa en mí—. Ya no soy tu hija, no soy la hija de una persona que decide cómo será mi vida sin importarle si eso me lastima. Ethan tiene razón, eres mala y egoísta.
Azoto la puerta apoyándome contra ella.
Cubro mi boca y jadeo dejando salir el llanto.
Odio saber que nunca tendré una mamá como la de mi primo, su madre no es así, no lo obliga a nada. Mi cuñada Emily, ella… tiene una familia increíble y me da tanta envidia.
Nunca tendré algo así, nunca tendré un lindo amor porque estoy condenada a luchar por mi libertad.
Me duele tener que recurrir a esto, tener que ensuciar algo que debería tener un significado real y lleno de amor, como un compromiso. Haciéndolo por pura desesperación.
Qué triste.
.
Nadie ha golpeado mi puerta, mi madre no ha asomado sus narices ni ha enviado a alguien a espiarme.
La pantalla de mi teléfono se ilumina con un mensaje del señor Bauer.
“He llegado, señorita Reed”
Suspiro y tomo mi maleta lista para arrastrarla.
Al abrir la puerta, veo a mi madre a punto de golpear.
— Alguien llegó a buscarte. No tienes que hacer esto, los Holland…
— No tengo que hacer lo que quiero, mejor hacer lo que tú quieres, ¿no? ¡Qué hipócrita es, señora Reed! —Arrastro la maleta alejándome.
— Déjeme la ayudo, señorita Clementine —Jaime se acerca y como siempre es tan lindo.
— Muchas gracias.
— Actúas como una niña caprichosa.
— Tú como alguien que no tiene corazón y no sabe lo que es amar a sus hijos. Qué triste. ¿Cómo haces para no amar algo que salió de ti? —mascullo con odio.
Camino a la salida y no la oigo replicar.
— Señorita Clementine, cuídese mucho —asiento con una sonrisa mientras Jaime lleva mi maleta hasta bajar el escalón de la entrada.
— Señorita Reed, deje que la ayude —el señor Bauer se acerca junto a su personal el cual viste de n***o.
Toman mi maleta colocándola en la cajuela. El señor Bauer abre la puerta del auto invitándome a subir en la parte trasera. Es un auto muy lujoso.
Tienen chofer.
— ¿Una sola maleta? —indaga una vez adentro los dos.
Nos sentamos uno frente al otro.
— ¿Esperaba más? Supongo que el señor Jäger puede comprarme ropa si me hace falta. ¿No es millonario? Soy su prometida, ¿o no? —Una risa suave sale de los labios de Bauer.
— Supongo que sí, puede hacerlo. Habrá que revisar sus vestidos y que tenga todo lo necesario, eso es cierto.
— ¿Queda muy lejos? Me gustaría que mandaran a buscar mi auto luego.
— No se preocupe, enviaremos a alguien a buscar su auto, señorita Reed. Tengo que explicarle algunas cosas antes de llegar.
— Lo escucho. Esto de las reglas y condiciones parece que es una marca personal del señor Jäger. ¿También hay reglas para ir al baño? —lanzo una carcajada suave.
— Hay muchas reglas, por el momento le informaré quiénes convivirán con usted en la vivienda.
— Ya dijo, las gallinas. Seguro caballos. Oh no, ahora me dirá que tiene un unicornio en su castillo o aún más increíble, un Pegaso con el que sale por las noches a volar por ahí —bromeo sarcástica.
— Qué graciosa, señorita Clementine. Tiene un planeador, un avión, un barco y algunos botes. El castillo Jäger no es solo la residencia de su prometido, sino también de su familia… extendida.
Eso suena a advertencia, no a bienvenida. Entrecierro los ojos esperando que continúe.
— El señor Jäger reside en la propiedad junto a su madrastra: la señora Beatrix Jäger, junto a su esposo; el padrastro político: Viktor Wolfstein. Ellos se encargan de mantener el orden en el castillo.
— ¿El orden? ¿Cómo limpiar? —lanzo irónica.
— El orden, señorita Clementine, como en cualquier lugar.
Su tono es serio, lo cual me hace sentir algo nerviosa.
La forma en que me observa es como si pudiera ver más ala de mis ojos.
Mis manos comienzan a sudar.
— También encontrará al ama de llaves: Petra, la mucama asignada: Eva. Cuenta con un jardinero, un personal en el área agrícola y personal de cocina —Muy normal, típica casa de personas con dinero.
En casa también tenemos una cocinera.
— ¿Ahora es cuando digo: “Woow, cuántos lujos”? Aún no me impresionan —Ríe sutilmente.
— Todos ellos tienen sus propias habitaciones dentro de la propiedad. La mayoría en la sección este, reservada al personal. Usted y el señor Jäger residirán en el ala norte. La señora Beatrix y el señor Wolfstein, en la oeste.
— ¿Y qué hay del ala sur? —indago sonriendo de lado.
— Esa parte del castillo permanece cerrada.
— ¿Por qué?
— No está en uso —Corta tajante.
Muy bien.
El auto baja la velocidad mientras ingresamos a las tierras del castillo. Sí, es un jodido castillo.
Se ve tan antiguo, enorme, es enorme realmente.
El camino rocoso se extiende hasta la entrada, su estructura es toda empedrada.
El auto se detiene y Bauer baja primero abriéndome la puerta.
Ya mi maleta está afuera cuando bajo y el personal del lugar la lleva mientras caminamos a la entrada. Una enorme puerta de madera se abre.
Al entrar, todo es en tonos oscuros, bordos. la sala es enorme con una escalera central que se ve alta muy alta.
— Espere aquí que el señor Jäger pronto bajará —asiento observando todo curiosa.
En la sala a la izquierda hay un enorme cuadro con el retrato de un hombre. Da como impresión. Frente a él hay un enorme sillón de cuero, paso mi dedo por el respaldo.
— No debería hacer eso.
Jadeo cuando una gruesa voz parece erizar cada vello de mi cuerpo. Una corriente atraviesa toda mi espina.
Ni siquiera puedo pasar saliva.
Las palabras no me salen.
Es él, mi prometido.
Su cabello rubio oscuro está peinado hacia atrás de forma prolija, pero con un toque natural, sus ojos son azules intensos, pero claros. Su barba perfectamente arreglada y muy sutil le da un aspecto muy…
Mierda, mi prometido es un dios bajado del Olimpo.
— Lo siento… no me presento, aunque ya debes saber quién soy. Qué tonta, por supuesto que sabes quién soy, tu prometida. Tranquilo, es evidente que eres mucho mayor que yo, no hay problema. Diremos que para el amor no hay edad —lanzo una risita divertida.
— Señorita Reed —dice una voz proveniente de la escalera. Giro la cabeza y descubro al señor Bauer acompañado por otro hombre… uno más joven que el que tengo enfrente.
— Un gusto, señorita Reed, soy Viktor Wolfstein —Extiende su mano y la tomo avergonzada.
— Oh, un gusto… —murmuro, casi sin aire, cuando su piel cálida roza la mía.