Capítulo 26

835 Palabras

26 Slim estacionó su coche junto al árbol que acababa de abollar el parachoques delantero y fue tambaleándose por el camino que entraba en el bosque hacia la cabaña, donde encontró a Emma esperándolo. Ella no iba a decir nada hasta que acabaron con el sexo, atacando su cuerpo con un ansia que hico que Slim se sintiera un poco incómodo. Ya estaba empezando a cansarse de ella, pero era la mejor manera que tenía de acercarse a Ted. —Quiero saber tanto como pueda sobre tu marido —dijo, tumbándose con un brazo alrededor de los hombros de ella, con su cabeza todavía dando vueltas—. Dijiste que era un poeta. Bueno, nadie gana dinero con eso. ¿Cómo se las arreglaba? Emma se encogió de hombros y rodó alejándose de él, aparentemente sin interés. —Hizo lo que hacían todos los demás, supongo. Tra

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