57 —Me preguntaba cuándo ibas a aparecer —dijo Emma—. Ayer te hice la cena. Se quedó fría, pero está en la nevera. Puedes calentarla si quieres. Slim sonrió. —Gracias. Quizá más tarde. Emma entró en la cocina. Slim la siguió. Había dos tazas boca abajo en el escurridor. Había otro par de vasos en la encimera de mármol, llenos hasta la mitad de un líquido ámbar. —Bueno, pensé que podrías querer un trago. Slim miró durante un buen rato los vasos y luego sacudió la cabeza. —Paso. Emma se encogió de hombros. —Tú mismo. Yo no —Tomó el vaso más cercano y se lo bebió de un trago. Contuvo una tos con el dorso de la mano, se tocó los labios con dos dedos y lego miró a Slim, con ojos desafiantes. —Me preguntaba cuánto tardarías. No apareciste la noche pasada, pero sabía que no te mantendrí

