*+*+*+* Me quedo boquiabierta. Abro y cierro la boca, incapaz de articular una palabra. ¡Lo había ventilado todo! ¡Mis secretos más vergonzosos, a un Don Juan que conocía de dos días! —Lo siento, pero no puedo olvidar lo tonta que soy... ¡Mierda! ¡Soy un libro abierto! ¡Soy una biblioteca con puertas automáticas y música de ascensor! —exclamo, poniendo mis manos sobre mi cabeza—. ¡Prometo que la próxima vez que beba, lo haré sola, en un búnker, con un terapeuta y sin acceso a un teléfono! Dante se echa a reír a carcajadas. Una risa que llama la atención, incluso en el ruidoso club. —¡Me encantas! Eres un desastre adorable —me dice, su voz llena de afecto sincero—. Ahora, mira—me agarra del hombro y me gira suavemente hacia la pista de baile. Francesco y Alejandra siguen ahí. Pero ahor

