¡Buenos días!

1005 Palabras

​El clímax fue inevitable. Fue una descarga eléctrica que barrió mi cuerpo. Sentí una serie de contracciones tan violentas y profundas que pensé que iba a desmayarme. Mi grito fue un rugido final, un aullido de liberación total. Sentí mi cuerpo chorrear de nuevo, la humedad caliente esparciéndose sobre el juguete. ​Me desplomé, totalmente inerte, la vibración aún zumbando dentro de mí. ​Francesco sonrió, sus ojos oscuros y triunfantes. Se inclinó, apagó el control, y el silencio que siguió fue casi ensordecedor. Retiró el juguete de kiwi con una lentitud exasperante. ​—Esa es la diferencia, tesoro —me susurró—Ahora sabes lo que es un verdadero huracán. ​Me quedé jadeando, mi cuerpo humeando de calor, mirando el techo y pensando: Dios, gracias por mi hermana y sus regalos ridículos. Y m

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