+++++++++++++++++++++++++++++ El rugido del motor de mi moto era lo único que llenaba el silencio de la calle. Había llegado al trabajo, tan temprano que el sol apenas asomaba, solo para encontrar las puertas del negocio cerradas. Lo bueno, la puntualidad; lo malo, era feriado y mi hermana, la muy despistada, no me había avisado o yo, la distraída, no había revisado bien el celular. Al menos el restaurante seguía abierto, pero mi turno no era allí. Decidí que no valía la pena esperar. Me subí de nuevo a la moto, lista para arrancar, cuando mi celular, dentro del bolsillo de la chaqueta, no paró de vibrar. Era Hanna. Contesté, frunciendo el ceño por la interrupción. —¿Qué pasa, loca? Estoy... libre forzosamente —le dije, notando la ironía en mis palabras. —¡Isa! ¡Perfecto! Estoy en la c

