XXV

921 Palabras

El almuerzo en casa de los Bakudan fue alegre y tranquilo, a excepción de algunos gritos de Kenji y su madre, pero en general estuvo bien. Todos estaban contentos de que Hikori estuviera mucho mejor. Al finalizar el almuerzo, Bakudan llevó a Hikori a su habitación. -¡Sin cerrar la puerta, que te conozco niño calenturiento! -¡QUÉ TE PASA, VIEJA BRUJA! -¡POBRE DE TI QUE NO HAGAS CASO! -Ya cálmense los dos -interrumpió Akihiro. -No se preocupe, señora Bakudan. Le haremos caso -dijo Hitsune con una sonrisa. -Ay, cariño, es una delicia tenerte con nosotros. ¡Podrías parecerte a él, Kenji! El rubio rodó los ojos, tomó a Hikori del brazo y subieron a la habitación. Sin cerrar la puerta, se recostaron en la cama. Hikori apoyó su cabeza en el pecho de Bakudan y lo rodeó con su brazo vendado

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