XX

1484 Palabras
La habitación comenzó a llenarse de pequeños quejidos y suspiros cortos. Era una suerte que las paredes fueran gruesas y los sonidos no escaparan de allí. Bakudan besaba el cuello de Hitsune, y poco a poco fue bajando, besando su pecho, luego su estómago musculado hasta llegar al ombligo. Allí se detuvo y apoyó la frente. Ambos respiraban agitadamente. -Puedes seguir, si quieres -le dijo el rojiblanco con lascivia. Kenji no esperó a que se lo repitiera. Volvió a subir hasta estar cara a cara con su novio. Le sonrió y se lamió los labios. Bajó sus manos y bajó la cremallera de los pantalones de Hitsune para luego bajarlos y sacárselo completamente. Luego, se incorporó y se sacó su propio pantalón de buzo. Finalmente, ambos quedaron solo en ropa interior. Bakudan volvió a colocarse sobre Hitsune y volvió a besarlo. Primero en la boca, luego en el cuello. También lo lamía de vez en cuando. Empezó a sentir bajo suyo que el rojiblanco se emocionaba. -Eres un pervertido, Hikori. -Es tu culpa, no te hagas el inocente. Kenji sonrió y bajó la mano hasta la entrepierna de su novio. Empezó a acariciar el bulto endurecido. Esta vez, Hitsune no se tensó. Estaba disfrutando y solo quería más atención del rubio. Bakudan continuó besándolo y acariciando la erección del otro chico, de arriba hacia abajo, mientras Hikori daba gemidos y se le escapaban pequeñas quejas. El rubio bajó la ropa interior de su novio para dejar libre todo su m*****o, que siguió acariciando, ahora directamente. Hitsune no podía creer lo mucho que disfrutaba los besos y las caricias de Bakudan. Intentaba reprimir los sonidos que se escapaban de su boca, pero era imposible. Bakudan juntó su propio m*****o con el de su novio, tomando ambos con su mano y comenzó a moverse de adelante hacia atrás cada vez más rápido. Hikori cerró los ojos y sus manos se agarraron fuertemente a las sabanas bajo él. No duró mucho tiempo hasta que sintió un placentero cosquilleo en su zona baja junto a algo parecido a un espasmo placentero que, acompañado de un gemido, sintió una explosión de placer que terminó en una sustancia tibia y pegajosa en su estómago. Aún sin abrir los ojos, intentó normalizar su respiración. Entonces sintió nuevamente que algo tibio le caía en el estómago. Abrió los ojos. Esa segunda carga de semen había salido de Bakudan, que no pudo aguantar el excitante espectáculo que le había dado el darle placer a Hitsune. Bakudan se recostó junto a Hitsune. Ambos estaban sudados y acalorados. -En la mesita hay pañuelos -indicó Bakudan. El rojiblanco estiró su mano y tomó algunos para poder limpiarse aquel líquido espeso y blanco del estómago. -Eso se sintió... no podría describirlo -dijo Hitsune cuando ya estaba lo más limpio que podía. -Malditamente genial. -Sí, podría decirse. -Veo que la división bicolor no se queda solo en tu cabeza. -No sé por qué esperabas otra cosa. Bakudan y Hitsune rieron. El rubio se ladeó para poder mirar al otro chico. -¿Quieres seguir, Hikori? -Sí. -¿Quieres tener sexo? -Sí, pero... no sé cómo se hace. -¡¿De verdad?! -Bueno, sé la teoría pero entre un hombre y una mujer. No sé cómo lo hacen dos hombres. -¿No has visto cómo se hace? -¡¿Tú sí?! -Ya te había dicho una vez que he visto muchas porno. -Es verdad. -Si quieres te muestro alguno. -Mmmmm. -No seas tímido, es para que aprendas. Hitsune lo miró con duda y luego asintió con la cabeza. Bakudan tomó su celular, entró a internet en modo incógnito y buscó algún video. Cuando encontró uno bastante ilustrativo se lo mostró a Hitsune, que lo vio con atención un par de minutos y luego le regresó el celular. -No sé cómo no se me había ocurrido -dijo Hitsune sonrojándose. -¿Quieres intentarlo? -Sí, pero no quiero ser yo el pasivo. -Me estás jodiendo. -No. -¡Yo tampoco voy a dejar que me la metas por el culo! -Pues vámonos olvidando de la idea de tener sexo. -¿Estás seguro de que no quieres? -Mira, Kenji, si te soy sincero, me pone nervioso y me da un poco de miedo. En el video lo disfrutan pero... no lo sé... me da miedo... Hitsune miró a Bakudan con tristeza, con una mirada irresistiblemente tierna. -Maldito, no me mires con esa cara. -Es la única que tengo. -A ver. Si te demuestro que no es nada terrible y que lo vas a disfrutar igual, ¿te atreverías a ser el pasivo la próxima vez? -Te lo prometo. -Bien. Bakudan se incorporó y se sentó sobre Hitsune. Estiró la mano y abrió un cajón de su mesita de noche. Sacó unos paquetitos y un pequeño envase. -Veo que estás preparado. -Obvio, idiota. En cualquier momento podía pasar. Ahora, cuando vayamos a hacerlo, te pones el condón, si quieres yo te ayudo, y luego te echas esto. -¿Qué es? -Lubricante. También me debes echar a mí. ¿Sabías que las mujeres lubrican naturalmente la v****a, pero el culo no se lubrica? Y no quiero que mi primera vez sea seca y horrible. -Me impresionas. ¿Todo eso lo sabes por el porno? -Por supuesto que no. Investigué. Hitsune se asombró un poco de lo aplicado que había sido Bakudan con el tema. Mejor así, podrían disfrutar mejor. Bakudan se acercó a Hitsune y lo besó tiernamente, hasta que introdujo la lengua en su boca y la temperatura empezó a aumentar. Esta vez fue el rojiblanco quien besaba el cuello del rubio. Y le pasaba la lengua y le daba chupetones que dejaban pequeños hematomas en el cuerpo de su novio. Le acariciaba la espalda y le agarraba los glúteos con fuerza, de forma posesiva. Eso provocaba que Bakudan diera cortos gemidos. La actitud doMinante de Hitsune lo excitaba. Pasaron varios minutos de besos y caricias, hasta que ambos tenían una erección que no se bajaba con nada. Cambiaron de posición. Kenji se quedó boca abajo, apoyándose en sus manos y rodillas mientras Hitsune se ponía un condón y el lubricante. -Si te sientes mal, solo dime y me detengo, Kenji. -Ya métela de una puta vez. Hitsune besó el cuello y la espalda de Bakudan, para luego colocarse tras él. Buscó su entrada y, muy despacio y con cuidado, empezó a introducirse en él. Cuando el m*****o de su novio empezó a entrar en él, lo primero que Bakudan sintió fue dolor. Pero tenía que relajarse para poder continuar. Tuvo que apretar las manos para aguantar un grito. Hitsune avanzaba poco a poco, deteniéndose cada pocos segundos para darle al cuerpo de Bakudan tiempo para acostumbrarse a tal intromisión. -¿Todo bien? -preguntó Hitsune- ¿te duele? - Como el infierno, pero sigue -respondió Bakudan. -¿Seguro? -Sí. Estoy exagerando. Duele un poco, pero ya me estoy acostumbrando. Hitsune siguió hasta que estuvo totalmente dentro. Bakudan arqueó la espalda. Sintió como si un choque eléctrico pero placentero se esparcieron por todo su cuerpo. Hikori se afirmó de las caderas del rubio y comenzó a moverse poco a poco, de adelante hacia atrás. No muy rápido al principio, pero al ver que su novio gemía de placer y que él mismo se sentía tan bien, comenzó a moverse más rápido. A Bakudan le costaba mantenerse apoyado en sus manos. Con todo el placer que sentía, sus brazos temblaban al igual que sus piernas. No aguantó mucho más y, con un gemido ahogado, sintió su orgasmo y posterior eyaculación. No pudo evitar que sus brazos lo traicionaran y lo hicieran caer. Hitsune se sorprendió y salió del chico. -Acaba sobre mí, Hikori, no te cortes -le dijo Bakudan a media voz. El chico se acercó, se sacó el preservativo y se tuvo que masturbar para poder acabar. El orgasmo llegó pronto y el semen saltó hacia la espalda de Bakudan. Ambos estaban cansados. No había durado tanto, pero había sido intenso, todo lleno de nuevas sensaciones. Hitsune se recostó boca arriba junto a Bakudan, que se había rendido y quedó acostado boca abajo sobre sus propios fluidos. Hitsune buscó la mano de Bakudan y la entrelazó con la suya. -Estuvo bien -dijo Kenji luego de un par de minutos, ladrando la cabeza para poder mirar a Hikori. -¿Solo bien? -Para ser la primera vez, estuvo excelente. Aunque ahora me duele un poco. -Intenté ser cuidadoso. -Lo noté. Gracias. Hitsune acarició el cabello rubio ceniza de Bakudan. Tenía un rostro apacible, cansado y feliz. Era un tanto extraño, ver a su explosivo novio tan calmado. Y, a la vez, era algo muy tierno de ver. -Estoy lleno de semen -dijo Bakudan. -Habrá que limpiarte. -En un rato. No quiero moverme de aquí. Se está tan bien. Ambos se quedaron así durante varios minutos. Bakudan disfrutaba de las suaves caricias en su cabello y rostro que le daba Hitsune después de la experiencia tan intensa que acababan de vivir. -Kenji. -Hikori. -Te quiero. -Te quiero mucho.
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