Malena regresa a R.D. El avión tocó tierra en Santo Domingo al atardecer. Malena miró por la ventanilla y sintió cómo el aire le llenaba los pulmones de recuerdos. Su país. Su origen. El lugar donde todo era más simple… o al menos más honesto. En la sala de llegadas, Luciana fue la primera en verla. —¡Mi niña! —exclamó, corriendo hacia ella. El abrazo de su madre fue un refugio inmediato. Miguel la rodeó con los brazos y Lucianita se aferró a su cintura. —Te extrañamos tanto —dijo su padre—. Estás más flaquita. Malena sonrió, pero sus ojos se humedecieron. —Estoy bien —mintió con dulzura—. Solo necesitaba venir a casa. Esa noche, en su antigua habitación, Malena lloró en silencio. No por debilidad, sino por limpieza. Allí, entre fotos viejas y el murmullo lejano de su familia, de

