— ¿Me puedes explicar?. — Pregunta en un hilo de voz. Sin más remedio, asiento. Nos sentamos en la cama y le cuento todo lo que me sucedió y el motivo que tuve, para haber regresado. Ella llora y me abraza, a medida que continúo con mi relato. — Mi niña hermosa, debiste confiar en nosotros. — Reclama aún regulando su llanto, al terminar de contarle. — No quería preocuparlos, má. — Explico, acariciando su mejilla. Me vuelve a abrazar. — ¿Qué va a pasar entonces con ese hombre, Alicia?. — Nada, mamá. Él tomó su decisión, así que yo hice lo mismo. — — ¿Y el abogado?. — — Bueno, con Fredy... No sé, mamá. Yo quiero sanarme y luego ver si se dan las cosas. — — Mija, te voy a dar un consejo: Jamás juegues a sacar un clavo, con otro clavo. — La miro levantando una ceja. Ella se ríe suav

