— Si esa malcriada saboteó la comida, se va a ganar un buen castigo. — Anuncia furioso, yendo a buscarla. — Déjame yo hablo con ella. ¿Sí?. Tú la asustas, con lo energúmeno que eres. — Rebato, mientras la vemos bajar muy lentamente las escaleras. Corro y me poso en medio de los dos, por si algo. — Abril, ¿Tú trajiste esos animales a la casa?. — Le pregunta y sé que se está conteniendo, para no explotar de ira. — Es que estaban abandonados afuera del colegio y no podía dejarlos. Mira, papá. ¿No son una preciosura?. — Explica enseñándole los hámsters y luego los pone en una cajita. — ¿La oyes, Nataly? — Bufa Emiliano mirándome y yo muero de ternura con la historia de mi niña. — Emi, no seas gruñón. Ella sólo quiere darles un hogar. — Respondo entre risas. — Claro. Y de paso, arruinó l

