Suelto una bocanada de aire, antes de volver a la puerta que del susto y sin darme cuenta, le cerré en la cara. Abro rápidamente, viendo sus manos cubrir su rostro. — Lo siento, lo siento, Alicia. — Se disculpa, aún cubriendo sus ojos. — ¿Te piensas quedar ahí parado?. — Cuestiono y no puedo evitar reír. Él descubre su rostro, que está totalmente rojo, mientras le doy el paso a mi departamento. — Pensé todo, menos encontrarte así. — Dice aún avergonzado. — Fué mi culpa, debí taparme antes de abrir. — Lo tranquilizo. — Justo estoy por desayunar, así que toma asiento y ya sirvo. — Anuncio y niega de inmediato. — Ya desayuné, pero muchas gracias. — Rebate toricendo una sonrisa. — A ver, ¿Qué desayunaste?. — Le pregunto alzando una ceja. — Un café, aquí cerca. — Responde, encogiendo s

