Capítulo Trece

1733 Palabras
CAP. 13: CREO QUE YA TUVISTE MUCHO DE HYEMIN POR HOY. — ¡Tengo a pato! — fue lo primero que gritó Taehyung cuando la videollamada comenzó. — ¿Tienes un pato? — pregunté confundida. — Pato el pez — dijo enseñándome una pecera redonda en la cual un pequeño pez dorado nadaba de un lado al otro. — Por favor, dime qué no le has dado un sándwich de mermelada — rogué y Taehyung rodó sus ojos. — Hye, tampoco soy un idiota — dijo y estuve a punto de recordarle lo que había dicho la pasada videollamada cuando caí en cuenta de algo. — ¿Y Jungkook? — pregunté. — Con su novia — respondió Tae encogiéndose de hombros. — Wao, las cosas van enserio entre ellos. — Ni que lo digas. Creo que sé más la vida de YongSun que todo lo que supe en mi vida gracias Jungkook — dijo entre risas. — ¿Y tú cuando tendrás novia? — Algún día te sorprenderé, bebé — respondió guiñándome un ojo. — ¡Tae! — chillé por su actitud. De vez en cuando Taehyung usaba algún seudónimo extraño conmigo, como bebé, cariño o sis, así que yo estaba acostumbrada a sus intentos fails de coqueteo. — ¿Y tú? ¿Cuándo tendrás novio? — preguntó y antes de que pudiera responderle la puerta de mi habitación se abrió dejando ver a Jimin con bolsas de supermercado en sus manos. — ¿Puedo pasar? — preguntó cuándo una estaba adentro, yo solo me limité a rodar los ojos y hacerle una señal para que se acercara, olvidándome que Taehyung estaba allí — Traje helado, snaks y estas cosas con sabor a pasta dental — dijo haciendo una mueca de asco antes de lanzarme un sobre de chicles de menta. — ¿Estás con alguien? — preguntó Tae, y antes de que pudiera responder Jimin se acercó a la pantalla — Agh, Park. — Kim — dijo Jimin de vuelta de la misma forma que Tae lo había dijo anteriormente. — ¿Alguno de ustedes me explicará lo que pasa entre ustedes? — pregunté pero ninguno me respondió. — Creo que ya tuviste mucho de Hyemin por hoy — dijo Jimin con una sonrisa maliciosa en su rostro y la expresión de Tae cambió — Ahora es mi turno. Adiós Taehyunnie — dijo antes de cerrar la pantalla y terminar con la llamada. — ¡Park Jimin! — chillé dándole en golpe en la espalda. — Ouch — se quejó — yo solo quería pasar tiempo contigo. (...) —¿Puedo hacerte otra pregunta? — le pregunté a Jimin mientras él sacaba una cucharada de helado. — Uhum — respondió con la boca llena. Luego de que Jimin acabara abruptamente con la vídeo llamada de Taehyung (y de que yo le enviara en mensaje a este el cual no tuvo respuesta), Jimin y yo nos habíamos dedicado a hablar mientras comíamos las delicias que había traído. Jimin me había confesado que odiaba el café amargo pero lo preparaba siempre para mí, y obviamente fingía estar molesto para que no me diese cuenta de su verdadera intención. También me había dicho que con tal de pasar tiempo conmigo (solo imaginen el color que había tomado todo mi rostro con estas confesiones) había fingido tener malas calificaciones en Historia. — ¿Hace cuánto yo... Uhm, yo... — ¿Me gustas? — dijo para terminar mi frase y yo asentí. Aún no me acostumbraba a que Jimin gustase de mí, porque tengo un carácter horrible, no soy la chica más linda del mundo, no cumplo con ningún tipo de estereotipo femenino y que a un ser lleno de características que lo favorecían, como lo era Jimin, le gustara... era simplemente inexplicable. — ¿Recuerdas esa vez que estaba en el colegio y me encontraste llorando? — No quiero sonar mal, pero eras demasiado llorón — Jimin rodó sus ojos como si estuviera exagerando, pero sabía que él, en el fondo reconocía haber sido muy sensible. — Solían molestarme por mi apariencia, pero luego tú llegabas y me hacías sentir bien a pesar de todo — Si, lo recordaba bastante bien. Jimin era como una bolita de ternura, sus mejillas regordetas y sus tiernas manos — Pero ese día fue distinto. Luego de haber alejado a los chicos tú me besaste, fue un pequeño beso en la mejilla, pero me hizo sentir... ¡No te diré eso! Creo que ya tengo suficiente con que sepas que me gustas — murmuró esto último bajando la cabeza — ¿Nunca te ha gustado nadie? — Uhmm, si. Pero eso fue hace tiempo — dije recordando mis absurdos sentimientos de niña pequeña. — ¿Quien? ¿Lo conozco? ¿Es mayor o menor? — Jimin bombardeó con preguntas. — ¡No te diré! — chillé cubriéndome el rostro con ambas manos. — Vamos, Minni. Ya te he confesado muchas cosas — se quejó haciendo un tierno puchero. Jimin era la combinación perfecta entre lo tierno y lo provocador, podía cambiar de un estado a otro sin complicaciones y lo peor es que todo, ¡pero todo! Le salía bien. Desde hacer aegyo involuntariamente a morderse su grueso labio inferior. — Fue hace mucho tiempo, Jimin. — No importa, quiero saber todo sobre ti, aunque ya le tenga celos al chico sin siquiera conocerlo. — No tienes porqué sentir celos de él, Jimin — dije riendo — Eras tú — susurré lo bastante alto como para que Jimin lo oyera — Bueno, no "Jimin" — dije haciendo alusión al chico que había regresado de Busan después de dos años — Sino, "Mochi" — terminé diciendo el apodo que le había puesto de pequeños. — ¿T-te... Y-yo? ¿T-te gusté? — dijo tartamudeando y yo asentí — ¿Entonces existe alguna posibilidad de que te pueda volver a gustar? — Jimin... — le advertí. — Lo siento, lo siento. Es solo que... ¿Por qué te gustaba si era... era horrible? Me odiaba, todos me odiaban, y cambié pero tú... ¡Agh! — No me gustabas por tu físico, bueno si, es que eras muy tierno — chillé y Jimin rodó los ojos — Me gustaba el chico tierno y amable que eras, no el arrogante Park Jimin que regresó de vuelta. — Pero yo... ¡Yo cambié por ti! Los dos años en Busan no hacía más que salir del colegio e ir al gimnasio, hacer dietas, y todo para que me prestaras atención y dejaras de verme como tu amigo. — Y volviste convertido en un idiota arrogante, ¿Creíste que con eso me conquistarías? Jimin, no todo es un cuerpo y una cara bonita, ¿Lo sabías? — Cuando regresé, lo primero que hice fue buscarte entre todos los que estaban allí, pero solo me miraste una vez, nisiquiera con una sonrisa. Sabía que debías estar molesta, así que quise darte tu espacio. Luego ya no me prestabas atención, parecía como si no existiera para ti. Ahí fue cuando se me ocurrió la "magnífica" idea de molestarte, y créeme, puede que haya sido lo más absurdo pero funcionó. — Y te comencé a odiar — dije recordando todo por lo que había pasado — Funcionó, pero debido a eso aún me cuesta pasar tiempo contigo. — No me cansaré de pedirte disculpas, Hye. Fui un idiota, el peor de todos. lo admito. Pero también hacía cosas pero ti, y tú no te dabas cuenta. — ¿Como prepararme el café y querer pasar tiempo conmigo? — O seguirte de camino al colegio luego de hacerte perder el autobús, recibir las molestas bolas de papel al entrar al salón y también regalarte toda la saga de Harry Potter que tienes. — ¡Imposible! — grité en shock y Jimin negó — Pensé que mi mamá... — Le rogué a Gaeun para que no te dijera nada. No los ibas a aceptar si sabías que venían de mí — dijo triste. — ¿Y cuándo perdiste la tortuga de mamá fue porque yo le tenía miedo? — Uhm, no — respondió poniendo su mano en el cuello — Yo solo quería que tomara un poco de sol y se perdió. A todo esto, aún le debo una tortuga a Gaeun. — Idiota — dije entre risas. (...) Las cosas iban bastante bien para mí, tan bien que me preocupaba el momento en el que ocurriera algo malo. Ya había pasado más de una semana desde que Jimin había confesado que gustaba de mí, y no se lo había contado a nadie, ni siquiera a Tae y Jungkook, y aún me asustaba la reacción de estos. No podía decir que pasaba la mayor parte del día con Jimin, porque luego de que cambiara mi horario de trabajo como una táctica para ignorarlo, ninguno de los dos había podido reestablecer el antiguo horario, por lo cual, mientras yo trabajaba Jimin estaba en casa, y cuando yo estaba en casa, Jimin trabajaba. Pero los fines de semana eran sagrados, si no salíamos nos quedábamos en casa para ver una serie, era una buena relación de amigos (ignorando el hecho de que uno gustaba del otro). Las confesiones por parte de Jimin no parecían acabar nunca. Siempre salía con algo nuevo que provocara un poco de inseguridad en mí. Si había mentido tan bien durante tantos años, ¿Por qué no lo haría ahora? Pero la confianza que me provocaba Jimin no la sentía desde que conocí a los chicos en el campamento, así que me aferraba a eso para no ponerme tan paranoica. — ¡Agh, estoy cansado! — gritó Jimin entrando a mi habitación para luego lanzarse sobre mí. — Muévete, Park — me quejé mientras me removía por debajo de él para lograr escapar. — Unos niños fueron a celebrar un cumpleaños, ¿Sabes lo duro que fue tener que limpiar cada cosa que tiraban? — Que mal por ti, Jimin, pero me pesas mucho — lloriquee y Jimin se levantó con sus brazos dejando de estar completamente sobre mí. Lo que no fue previsto es que ambos estuviéramos más cerca de lo que se debía, provocando que ambos nos quedáramos quietos en esa posición, los ojos de Jimin miraban fijo a los míos y poco a poco fue descendiendo, haciendo que mi estómago se contrayera de mil formas con los nervios que sentía. Cuando los labios de Jimin estaban a un milímetro de mi, cerré fuertemente los ojos para luego sentir sus labios sobre mi frente. — Buenas noches, Minni — dijo Jimin cuando abrí los ojos, paga luego irse dejándome en estado de shock. Mentiría si dijese que esa noche dormí plácidamente, porque la escena de los labios de Jimin tan cerca se repetía una y otra vez en mi mente, prohibiéndome pegar un ojo y prohibiendo que mi estómago se tranquilizara.
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR