—Lo entiendo. Dalila es maravillosa. No solamente es hermosa, también es muy inteligente y tiene un poder sobre mí que no sabe que tiene. No obstante… saber que se casará con ese repugnante hombre — apuñala su bistec con el cuchillo y frunce el ceño enojado — me repugna saber que será de él. Que le va a pertenecer y que será él quien despierte a su lado todas las mañanas. —Entonces cásate con ella. Pídele que se case contigo y no será de otro hombre, ni tendrá que despertar al lado de ningún otro hombre. —No es tan fácil — resoplo. —¿Ahora qué es lo que no es fácil? ¿Cuál es la excusa esta vez? — Anoche la llamé zorra. Me equivoqué, sé que cometí un error y me arrepiento de ello — me sorprendo de que la haya llamado así —. Ahora me odia más de lo que ya me odiaba. No me quiere cerca de

