—¡Ya hablamos de esto, Kansas! —mi madre lleva ambas manos hasta su cabellera oscura, mientras comienza a moverse de un lado a otro en el living—, estás muy chica para salir con chicos tan grandes, además, estás en medio de un embarazo. Muevo mi cabeza de un lado a otro, dedicándome a mirar su ir y venir de forma descontrolada. —Ayúdame, tesoro. En este momento, estoy sola con ustedes cinco, tengo que estar pendiente de que Vicky no pase metida en los video juegos, además de que últimamente Alaska y Dakota parecieran vivir en un campo de batalla al estarse robando la ropa de la otra. No quiero tener que estar pendiente de ti también, en espera de que puedas escaparte en cualquier instante. La alta morena se veía agotada, la tristeza se reflejaba en aquellas bellas pupilas oscuras, lo q

