6 Sam
Fue una perdida de tiempo estas estúpidas rosas, las lance a la calle molestó por perder mi tiempo, me fui antes de que el perro de la vecina alerte más a los vecinos y salga en los periódicos. Llame a mi madre mientras entraba en el carro.
—No funcionó —le dije en cuanto descolgaron del otro lado— me mando a la mierda.
—Parece una verdulera, debes resolver esto, Sam— me dijo de manera contundente— esa mujer te tiene agarrado del cuello— ¿no podías ser más cuidadoso? Tenemos muchos hoteles a nuestro nombre que no dejan rastros.
—Lo sé— pensé en Paulette y me la puso dura— no pensé que nos atraparía, tenemos meses en esto y no se había dado cuenta, madre.
—No me importa, no te puedes divorciar— dijo determinada— ¿Cuál es tu plan?
—Que vuelva a la casa y poder mantenerla encerrada, es lo mejor— cavilé rápido— luego de las elecciones del abuelo podemos hacer que firme un documento y la dejamos ir— hablé calmado. Lo que mi madre no sabía era que no iba a dejarla ir.
—Tráela a casa, yo hago el resto —me garantiza mamá —luego de mantenerla en casa podemos hacer lo que quieras con ella, hasta seguir tu fiesta con la hermanita de esa tonta.
—Bien, tengo que cambiar de táctica— formulé un plan rápido en mi mente— tal vez deba cambiar la táctica, ya el bueno de Sam no gana nada.
—Has lo que te da la gana, pero cumple— me pide mi madre— no sé qué le habrá dicho tu padre, pero estaba renuente a volver. Asegúrate que no tiene evidencias de tu desliz y podemos demandarla por abandono de hogar— idea mi madre y ese es un fabuloso plan.
—Me gusta eso, tal vez debamos meternos con lo que ella ama —sonreí bajándome del auto al restaurante donde comería con Paulette.
Ella es una buena puta, pero que no crea que me casaré con ella, ya cometí ese error una vez, no me voy a volver a casar con una Alderwood de nuevo, nunca más. Elegí a Jennifer por que se puso difícil y me gustaba los juegos, estaba deslumbrado por su dureza así que la conquisté, pero Paulette es solo diversión y pasión así ella no lo sepa.
—Soluciona esto, Sam Kessler— pronuncia mi madre molesta colgando. Resoplé y entré en el costoso y elegante lugar.
A lo lejos vi a Paulette con un corto vestido n***o que le quedaba espectacular, ella no era más hermosa que su hermana, pero si más atrevida y ser una cualquiera en la cama se le daba bastante bien, pero no tenía material de esposa.
Escogí a Jennifer y ella no me iba a botar, así como si nada. Seriamos esposos hasta que la muerte nos separe como dijo el cura en nuestra boda. Capricho o no ya estábamos casados y ella tenía que regresar a mi lado eventualmente, pero Paulette… no podía dejarla, era vicioso con esta mujer, con ese cuerpito de infarto y tan pervertida como yo. Me gustaban las hermanas y no iba a dejarlas ir.
—Bella Paulette— saludé.
—No me vengas con bella Paulette— dijo molesta imitando mi voz.
—Aun sigues molesta, amore mio— me senté viéndola con mi cara de cachorro.
—Mi hermana estaba dispuesta a darte el divorcio y te negaste— me acusa.
—No es el momento, aun no puedo darle el divorcio— me puse serio— ya hemos hablado de esto, no eres una niña, Paulette.
—Quiero ser feliz contigo— me dijo en un puchero.
—Soy feliz contigo y más en la cama, cariño— le guiñé un ojo y ella se sonrojó.
Paulette era virgen cuando la conocí y yo la desfloré, conmigo descubrió el placer de lo carnal, igual que con su hermana. Es por eso que no quería dejarla ir, ambas hermanas eran mías.
—No era eso lo que quería decir, dijiste que esto era momentáneo— me recuerda.
—Lo sé, amore mio— traté de ser condescendiente con ella, pero no me gustaba la manera en la que hablaba— si quieres terminar lo nuestro me dolerá mucho, pero lo entiendo totalmente si quieres que nuestro amor no florezca. Lo entenderé— puse mi mejor cara de pena.
La cara de pánico de Paulette era maravillosa, sabía que la había metido en mi bolsillo por un tiempo más. Ya después resolvería otro ataque de celos como este.
—No quise decir eso— me dijo alarmada y quise sonreír— te amo tanto que duele ¿ok? Es todo, no quiero que terminemos. Quiero casarme contigo, no verte con mi hermana como si fueran felices cuando no lo son.
—Lo sé, tu hermana no me merece— afirmé— no merece que la amara y la hiciera mi esposa cuando ella no quiso tener hijos conmigo ni dejar de trabajar.
—Mis padres se lo han dicho muchas veces— se queja ella cruzándose de brazos.
Paulette era una mujer blanca de cabello chocolate con reflejos rubios para parecerse más a su hermana, no les llegaba a los talones a lo que es Jennifer, pero servía para su propósito que era satisfacerme.
—Lo sé, pero debo tenerla como mi esposa un poco más de seis meses— le dije de manera afligida— espero me tengas un poco más de paciencia, mi amore.
—Está bien, Darling— me llamó por el nombre cariñoso que me tenía y me gustaba, quería decir que ya estaba calmada— ¿qué quieres comer?
—Me dijeron que el cordero esta bueno aquí, para ti una ensalada, no quiero que engordes— le dije viéndola bien.
Me gustaba que mis mujeres estén perfectas, no quiero que pierda la línea.
—Está bien, la ensalada esta bien para mí— acepto lo que yo pedí, tampoco iba aceptar una negativa.
—Así me gusta— le dije tomando un trago de agua fría de mi copa.
La comida transcurrió tranquilamente mientras hablaba y hablaba sobre compras y no sé qué cosas de moda.
—Entonces… ¿qué opinas? —pregunta luego de cesar de parlotear. Gracias a Dios.
—Lo que quieras, amore mio —le dije tomando de mi copa de vino— solo ponlo a mi nombre y me avisas el monto sin importar cual sea.
Se emocionó mucho y me lanzó un beso, tenía prohibido las demostraciones de afecto en público, aquí solo somos dos cuñados comiendo.
—Eres el mejor cuñado del mundo— me dijo guiñando un ojo.
Y solté una risita por eso.
—Ya solucionado esto— nos señale— quiero que estes en casa a las nueve de la noche, hoy tengo una junta y llegaré un poco tarde, pero espérame como me gusta.
—Te esperaré muy, muy caliente —me dijo de manera sugestiva— y con un conjunto de Dior que te encantará.
—Sé que sí— me levanté para irme— llevo el tiempo justo, debo irme.
Me levanté y le di un apretón de manos, no podía demostrarle más. Por ahora. Ya habrá tiempo para comérmela entera. Sonreí poniéndome mis lentes de sol y salí, ya mi auto me estaba esperando y subí al asiento trasero.
—Llévame a las oficinas de la Corporación W— le demandé revisando mi celular.