Jayce estaba totalmente afectado después de esa última descarga eléctrica, ya que casi ninguna persona debería soportar algo como eso, era absurdo siquiera pensarlo. Horas después de sus convulsiones y casi muerte instantánea, el mismo hombre volvió con el teléfono desechable en mano, haciéndole ver lo que tenía que hacer, ni loco debía creer que podía salirse con la suya e irse de rosas así como así, eso era completamente impensable. Jayce se sentía por completo lleno de inseguridad, de dolor y de un sentimiento que pensaba que era la locura, hacia la cual se estaba deslizando poco a poco. Pensar en su hermana y en que tenía que traicionarla de esa manera no era para nada normal. Sus ojos estaban cristalizados, llenos de un sentimiento fatal, pues no quería tener que causarle ese dolor

