Facundo Sebas me agarró la mano cuando abrí la puerta del depósito, mi primer instinto fue soltarlo, pero entendía que él no conocía tan bien como yo el depósito como para caminar por el interior con las luces apagadas. El interruptor estaba del otro lado, justo al lado de la puerta que llevaba al mostrador. Nunca usábamos la puerta trasera, así que mi tío había instalado el interruptor del otro lado. Caminé guiando a Sebas hasta el otro lado, sentí que su mano temblaba un poco, como si tuviera miedo de que alguien nos viera, como si no supiera que este era un lugar seguro para él. Le solté la mano cuando encendí las luces. Lo miré, él me devolvió la mirada con una expresión que no supe identificar, después se acercó a mí un paso. —¿Te puedo abrazar? Me quedé mirándolo, por un segundo

