KICKBACK
Te encontraré
Libro 2:
════ ♣♣♣ ════
—¿Está seguro de eso? —formuló la pregunta sorprendida, era un gran avance después de tanto tiempo en la oscuridad.
—Tan seguro, que hasta me atrevería a decirle. Que dado a lo que he investigado. Creo que ese hombre, puede ser el padre de su amigo.
Después de un largo tiempo Arlene pudo respirar. Necesitaba hablar con ese hombre, si Rowdy no era hijo de uno de los hermanos Byrne; entonces no había nada que temer, y podía volver a Estados Unidos lo antes posible, y casarse de una vez por todas con el amor de su vida. Ese siempre fue su plan a largo plazo.
«¡¿Por qué tuve que esperar tanto maldito tiempo?!», pensó.
—Debemos contactarle inmediatamente, y hablar con él —demandó ella.
—Lo sé; solo vine para informarle. Pienso ir mañana mismo por él, me gustaría mucho saber qué tiene para decir,
—Quiero ir con usted —manifestó Arlene.
El hombre la miró un poco sorprendido y le contestó:
—Creo que lo mejor es que se deshaga de esa idea. No debería exponerse de esa manera.
Ella entrecerró los ojos y replicó:
—¿Por qué no puedo hacerlo? ¿Según usted? —molesta dio un golpe sobre la mesa.
—Es muy peligroso para…
—¿Para una mujer? —terminó ella la oración, entornando los ojos, por el fastidio de que siempre era lo mismo. Tal parecía que todos los hombres a su alrededor, la consideraban una florecilla vulnerable.
—Además de eso... —el detective se encogió de hombros—. No sabemos con qué clase de persona nos encontraremos, tendría que estar pendiente de usted, y eso para mí sería una distracción que podría traerme un problema innecesario.
—No me importa —le replicó ella haciendo gesto con las manos—. No veo qué problema podría causarle cuando soy quién paga, ¿cierto?
—Es una mujer, sin embargo…
—Y una mierda… iré le guste o no. —Sacó de su pequeño bolso unos cuantos billetes, los puso sobre la barra, y luego se levantó del taburete. —Dígame la hora, y el lugar en donde nos encontraremos mañana.
Volvió a presionar, no iba a darle oportunidad de rechazarla, con el cuento de que era una débil mujer.
—Como usted quiera, tiene razón que es quién paga —le señaló con el dedo índice—. Pero no seré su niñera. Irá conmigo bajo su total responsabilidad.
—De acuerdo, entonces esperaré más tarde, sus indicaciones —ella sonrió y le hizo una inclinación de cabeza, en señal de despedida y se marchó del lugar.
Al salir ajustó su chaqueta de cuero. El invierno estaba muy cerca, podía sentirse en el ambiente, y con el, la amarga melancolía y los recuerdos de unos fuertes brazos envolviéndola en un exquisito calor.
Mientras caminaba rápidamente al estacionamiento, de manera discreta sacó el arma de su bolso, para colocarlo detrás de su cintura. Era un accesorio que en los últimos dieciocho meses le acompañaba, y que odiaba totalmente, pero en ese momento más que nunca, su seguridad era primordial.
El motor de su Hyundai Tucson, encendió inmediatamente al girar la llave, y ronroneó al salir a la carretera. Arlene vivía en Clontarf, al norte de la ciudad, en un conjunto residencial de clase media. No quería llamar la atención, pasar desapercibida era una ventaja en su situación.
Mientras tomaba la autopista, tanteó el asiento del copiloto para tomar su bolso, y buscar a ciegas su teléfono celular. Encendió el manos libres, y marcó un número telefónico, que en los últimos meses, era muy familiar para ella, la llamada fue contestada al tercer repique.
—Has tardado demasiado. La preocupación me estaba matando.
Fue el saludo que le dio la persona detrás de la línea.
—Lo siento, tuve una complicación. No fue mi intención tardar más de la cuenta.
—No te preocupes, todo está genial por aquí. Pero por tu voz dice que para ti no, ¿todo está bien?
—La verdad es que no, tengo que salir de viaje mañana. —Arlene hizo una pausa, suspiró y agregó: —Es importante, más que eso… urgente. Este es un caso de esos bien llamado: de vida o muerte.
—No me asustes. ¿A dónde vas?
—No tienes porque estarlo, es solo por trabajo —Arlene suspiró—. Te prometo… te prometo que después de este viaje, todo acabará. Volveré a Estados Unidos.
—¿Me has incluido en esos planes?
La persona detrás de la línea preguntó con mucha curiosidad, y en su voz pudo notarse el medio de no haberse tomado en cuenta.
—Por supuesto; te prometí que velaría por ti. Además, ahora formas parte de mi familia. Así que esa pregunta está de más.
—Arlene… por favor ten cuidado. Recuerda que no puede pasarte nada. No juegues con tu vida.
La preocupación estaba presente en cada una de esas palabras.
—Lo sé, cariño. Confía en mí. A mi regreso, viajaremos a Estados Unidos.
Arlene le prometió.
—No tengo documentos.
Ella lo sabía y por eso ya tenía pensado cómo hacerlo, por eso le animó diciéndole:
—Eso es lo de menos, los conseguiré para ti. No me iré de Dublín sin ti —afirmó Arlene.
—Está bien, pero por favor cuídate, si algo te pasara, yo estaría completamente en el limbo, sin ningún tipo de orientación, y sin tener adonde ir. Tú eres la única persona en quien confío.
—Te he dicho varias veces, que no hay nada de qué preocuparse. Nada va a pasarme, ahora voy a colgar. Recuerda que puedes llamarme a cualquier hora, y por favor mantenme al tanto de cualquier eventualidad, ¿de acuerdo?.
—Así lo haré, y todo está dentro de los protocolos de seguridad, que has pedido. Solo regresa lo más rápido que puedas.
La llamada finalizó, y continuó su camino, hasta el edificio en donde vivía. Estacionó el vehículo, y por un momento aferró las manos al volante hasta que sus nudillos se pusieron blancos. Sacudió la cabeza, estaba viviendo una doble vida, no era peor que su tía Fiona, ocultando secretos a las personas que supuestamente quería y que daba la vida por ellos.
Cuando entró a su apartamento, fue recibida por la oscuridad que reinaba. El lugar estaba escasamente amoblado, solo lo básico. Estaba claro que ella no pretendía establecerse definitivamente en el lugar, por mucho que le gustara.
Encendió la lamparita de la sala, y fue hasta la cocina. Se preparó un sándwich y lo acompañó con una lata de coca-cola. Mientras comía en su teléfono celular aparecieron dos mensajes por w******p.
El primero, era del detective Andy Jones, en el cual le dejaba la dirección, para su encuentro al día siguiente. La citaba a las siete y treinta de la mañana.
El segundo, era de su amiga Jessica, en el que le preguntaba cómo estaba, si se encontraba bien; y si necesitaba algo de seguridad, porque aún estando en otro continente podía proporcionarle. Le dijo también que lo más importante era mantenerse con vida hasta que Ryan fuera por ella. Al final, le dejó saber que estaba muy preocupada por ella, y cuánto le hacía falta. Que tenía muchas cosas que contarle.
«Yo también tengo cosas que contarte, Jess», pensó pero no le quiso informar.
De pronto sintió cómo si un puñal le atravesara el corazón, al darse cuenta, que su amiga no le decía nada de Rowdy. Su terquedad era insoportable, porque tampoco ella le preguntaba.
Antes de dar el último bocado a su sándwich, hizo algo que no debía. Tal vez el recordar que ese día era su cumpleaños, le hizo anhelar más de la cuenta.
Suspiró y recordó su cumpleaños número treinta Ella se había vestido de manera provocativa para tentarlo. Con un traje de conejita que había durado más tiempo en ponerlo, que él en quitarlo. Cuando bailó para él en la barra que tenía en su suite privada en el club de su primo.
—¿Sabes cómo tentar a un hombre, jodida bruja charlatana?
Le había dicho Rowdy mientras la tumbaba en la cama y se ponía a horcajadas sobre ella.
—No, solo quiero ser tu conejita esta noche —Respondió ella soltando una risita, al mismo tiempo que con sus piernas rodeaba su estrecha cintura, y con los brazos alrededor de su cuello. Todo para acercarlo más ella y robarle un beso.
No fue un beso delicado, sino todo lo contrario. Salvaje, dominante, indomable, porque eso era Rowdy Byrne. Un jodido irlandés, y por tanto pasional hasta la muerte.
Volvió a la realidad con una opresión en el pecho, y por sus ojos brotó una solitaria lágrima. La cual limpió con el torso de la mano. Bebió un trago de su refresco, y luego alzó la lata.
—¡Feliz cumpleaños, mi amor! Pronto estaremos juntos.
Al terminar puso el envase de aluminio sobre su peinadora, se dispuso a quitarse la ropa. Necesitaba una ducha rápida, luego se metió a la cama. Quería dormir profundamente, y soñar con su jodido irlandés, al que tanto extrañaba. No pasó mucho tiempo, y el cansancio se apoderó de ella. Con la esperanza de que muy pronto descubriría la verdad.