Nuevamente el destino había conectado a Mirla con George a través de una circunstancia inesperada para ella. El necesitaba que le cuidaran a sus padres, y ellos estaban viviendo precisamente en el departamento que habían compartido durante más de dos años de matrimonio. Ahora tenía la excusa perfecta para estar en contacto con el sin despertar sospechas de quien era ella. —Gracias madre por ser tan astuta para conseguirme trabajo con George —dice Mirla abrazando a su madre —Todo sea por la conquista de tu felicidad hija —dice Adelaida complacida— espero que esta locura nos de buenos resultados. —Necesito que me consigas un teléfono con una línea que no puedan asociarla a ninguno de la familia —le dice Mirla a su padre. —Mucho cuidado con lo que estás haciendo hija —dice Don Mingo rece

