Lucca sonrió al sentir los movimientos en el vientre de Allegra, y lloró sin ser consciente que lo hacía. Una alegría profunda invadió su pecho y no se comparaba con nada que antes hubiese vivido, sentir moverse a sus preciosos tesoros no tenía precio y pensar que estuvo a punto de perderse todo esto por idiota. Porque la verdad siempre estuvo en los ojos de Allegra, en sus actitudes y en la manera que le demostraba su amor. Había sido él quien estaba ciego y no quiso ver. Había sido él quien se había engañado al creer que Alessia era la mujer de su vida. —¿Por qué lloras? —preguntó Allegra al abrir los ojos y ver los ojos de Lucca llenos de lágrimas. —Porque soy un idiota. —Eso ya lo hemos discutido —sonrió, pero él negó. —Estuve a punto de perderte, de perderlos. No podré perdonarm

