—¿Te vas? —preguntó Aurora parada en la puerta, su mano se aferraba al picaporte. —Sí, es lo mejor. Debo pensar en mis hijos, Aurora. Ya han corrido un gran peligro por todo lo que está ocurriendo y quiero ser egoísta por una vez en mi vida, y pensar en mí y en ellos. No quiero saber más de Lucca, ni de nada que suceda. De ahora en adelante seré únicamente yo y mis pequeños. Aurora tragó el nudo formado en su garganta. Allegra tenía razones de peso para despreciar a su hermano, pero… ¿y ella? ¿Dónde quedaba ella, esos pequeños eran sus sobrinos? —¿Podré conocerlos? —preguntó con tristeza. —Serás bienvenida a mi casa las veces que tú quieras venir, Aurora. Solo te advierto que en casa se cocina, lava y plancha, no tengo empleadas y trabajo en un refugio para mascotas —dijo tratando de s

