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777 Palabras

Veo a Sam hacerme una seña de que me acerque a dónde está, voy enseguida y agarro la bandeja que me tiende. Nos sentamos en las misma mesa de siempre, hablamos de cómo ha sido nuestra semana y recuerdo que me tiene algo que contarme. —¿Qué ibas a decirme? Me regala una mirada furtiva, aparta el cubierto de su ensalada y junta sus manos encima de la mesa con notable nerviosismo. —Eh... —se aclara la garganta—. A mi padre le han ofrecido un puesto en la compañía automotriz. Queda en Francia. Abro los ojos. —Vaya, eso es genial Sam —expreso contenta por su padre, ha trabajado muy duro para obtener ese puesto. —Sí, claro que es genial. Pero... No termina la oración, de pronto una rebelde lágrima baja de su mejilla, pero la seca rápidamente con el dorso de su mano. —¿Estás bien? —nieg

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