Roberto Díaz. Tania esta a mi lado al despertar, no lo merezco… Siempre la cago con ella, si no tenemos un matrimonio feliz es por mi culpa, y es que yo no sé amar. Ella me observa en silencio, como tratando de descifrarme, tal vez por el te amo que solté sin querer en la sala de juntas, no es fácil para mí. –¿Y bien Díaz que burrada piensas hacer ahora?–Me pregunta viéndome directo a la cara. –Mi vida no es asunto suyo, señora Díaz.– Le respondo como me sale naturalmente, ella voltea los ojos, como aburrida. –No voy a permitir, que separes a la niña de sus padres.–Sentencia, por supuesto que sabe que planeo. –Es mi hija, y además le salve la vida.– –Sí y no te la mereces.– Advierte viéndome directo a los ojos. ––Le recuerdo, que usted y yo solo tenemos un acuerdo de negocios, uste

