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330 Palabras

Esperé a que termináramos de cenar y a que Castiel realizara su tarea para comenzar con mi despedida. Me encontraba acostado en la enorme cama y, cuando Castiel se subió a ella, me acerqué a él para comenzar a besarlo. Él se sorprendió un poco y me apartó con delicadeza. – Vaya, ¿qué te ha picado hoy, cachorro? – Hice una mueca al oír ese horrible apodo que Castiel usaba de vez en cuando conmigo, y me encogí de hombros. Reí para mis adentros al darme cuenta de lo aguado que me comportaba a la hora del sexo, dejando que Castiel tomara la iniciativa. –No sé, tengo ganas de hacerlo. – Ignoré la expresión de sorpresa exagerada que Castiel me lanzó y volví a besarlo. Sus labios eran suaves y fue hasta ese momento que me di cuenta que eran llenos y carnosos; su lengua era rasposa y su interior

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