- lo más oscuro que pudiera esconder es que me robé un chicle de la tiendita de la esquina ¿acaso va a detenerme por eso oficial? El volvió a sonreír - mis casos son más de asesinatos qué de robos, así que descuida no te restaré por eso. - muy bien entonces si no lo va a hacer comencemos con el juego. - - Comencemos señorita- Y así decidimos darle inicio a nuestra competencia. A dos mordidas, al principio ninguno de los dos estaba perdiendo, empezamos desde los chiles que menos enchilan hasta aquellos que te hacían arder la lengua, una hora después ya llevaba tres latas de cerveza mientras él solo llevaba dos . Mi lengua se sentía adormecida y a la vez ardía, sé que no debo beber ya que estoy bajo medicamento pero ¿si he de morir que me impide disfrutar los placeres de la vida?

