CAPÍTULO VEINTIDÓS Riley no podía creer lo que estaba oyendo. Se volvió y miró a Bill, quien estaba de pie justo detrás de ella. Su expresión era seria, pero no le dio ninguna pista del por qué había decidido irse de repente. Ella abrió la boca para protestar, pero Bill habló primero. “Hablo en serio. Vámonos”. Mientras Bill acompañó a Riley a la puerta, oyó a Jenn decir: “Gracias por su tiempo, Sra. Reitman. Lamentamos las molestias. Por favor llámenos si recuerda algo pertinente”. Los tres agentes salieron de la casa. Sin ningún comentario, Bill tomó el asiento del conductor de la camioneta de nuevo, así que Riley se sentó a su lado. Oyó a Jenn subirse en el asiento trasero. Cuando Bill habló, Riley fue sorprendida por la agudeza de su voz. “Riley, ¿qué diablos estabas haciendo al

