Capítulo 01

2550 Palabras
𝟥 𝗆𝖾𝗌𝖾𝗌 𝖺𝗇𝗍𝖾𝗌 𝗉𝖺𝗋𝖺 𝗅𝖺 𝖾𝗃𝖾𝖼𝗎𝖼𝗂𝗈́𝗇 𝖽𝖾 𝗅𝖺 𝗆𝗂𝗌𝗂𝗈𝗇... 𝐍𝐚𝐫𝐫𝐚 𝐁𝐞𝐚: Recargo mi espalda en la silla con un largo suspiro, observando con atención el tablero frente a mi. Estaba estaban llenas de imágenes, mapas de lugares fijos y hilo rojo rodeando las cosas a las cuales le tenía que dar importancia. Llevaba prácticamente seis horas organizando las fotografías que varias horas atrás, estaban esparcidas en mi escritorio. Las imágenes contenían fotos de Nael, personas que normalmente estaban cerca a él y lugares que concurría. Estaba tan metida en este caso, que muchas veces me quedaba encerrada en mi habitación buscando y buscando información. No voy a mentir, sabía que esta misión de nivel tres, era bastante importante, dada a la seriedad con la que mi padre me lo pidió. Pero cada vez que pensaba que ya tenía suficiente información para por fin empezar a relacionarme con él, aparecía más información relevante que me hacía retroceder. Y es así como llevo dos meses. La investigación no la estaba llevando sola del todo. Jordan el hacker y informático de la organización, me estaba ayudando en todo lo que podía. El me decía cada vez que notaba movimiento de Nael y yo simplemente tenía que seguirlo, sacar fotos y está muchas veces integrarme en las fiestas en las cuales él asistía, para escuchar más de cerca algunas conversaciones. Lo que yo no sabía es que este tipo, salía muchísimo de fiesta, y como me había dicho mi padre, era un don Juan de primera. Siempre salía de esas fiestas con mujeres diferentes, pero siguiendo el mismo patrón: cuerpos operados y caras completamente tuneadas. Al parecer sus gustos eran esos. La verdad es que, sus preferencias eran muy raras. Podía aparecer con una rubia o una morena, pero siempre con el mismo patrón de ser tuneadas. No sabía cómo llamaría su atención si sus gustos eran esos. Yo soy lo contrario. Pelo castaño, ojos color avellana y cuerpo normalito. No tenía nada de especial y menos era una plástica como aquellas mujeres. Yo realmente creo que tengo un buen cuerpo, de cual tampoco me puedo quejar. Tenía unos pechos de copa B y se podría decir que tenía un buen trasero. Pero de lo que realmente estoy orgullosa, es de mi cintura. Tengo lo que muchos llamarían una cintura de avispa, bien marcada por lo mucho que entreno. Pero obviamente eso no se compara con las que se acuesta Nael. Realmente no se que voy hacer cuando llegue la hora de llamar su atención. Estaré bien jodida si no lo logro. A pesar de eso, hoy era un día especial. Para cambiar un poco la rutina de estar siguiendo y buscando información sobre Nael, mi padre por fin decidió llevarme a un evento importante, que organiza la familia Hidalgo. Está será mi primera revelación a la sociedad, pero solo iré porque el accesorio más importante que se debía llevar, era una máscara. El evento era con los rostros ocultos. Los Hidalgos eran reconocidos por sus eventos, en los cuales reunía a todos aquellos empresariales corruptos, solo con el fin de que hagan más relaciones entre ellos. Pero era obvio que sus intenciones no era esas del todo. Este tipo de eventos, los beneficia más a ellos que a todos. Ademas se estaba rumoreando que los Hidalgos se estaba quedando en banca rota. Es por ello que no sorprende que quieran hacer este evento. Con un suspiro de cansancio, me levanto de la silla todavía con la vista puesta en el tablero con toda la información. Estaba satisfecha, porque si todo iba así como estaba yendo, no quedaba mucho tiempo para que pueda empezar con la ejecución. Cubro el tablero con otro más fino, lleno de fotos de mis amigos y mi familia, y me dispongo a darme una ducha rápida antes de prepararme. Tras una hora, me paro frente al espejo para admirar mi reflejo. Estaba orgullosa de cómo me vea. Llevaba un vestido elegante largo y de color vino oscuro. Ajustado al torso como un corsé sencillo y sin tirantes. La tela se fruncía levemente en la cadera y se abría en una abertura alta en la pierna, dejando el movimiento y la intención a la vista. Mi cabello estaba recogido en un moño alto, dejando que toda la atención vaya a mi vestido. Todo esto junto estaba hecho, para entrar sin anunciarse y cambiar el ambiente, justamente lo que quería. Era mi primera vez en un evento como este. Tenía que dejar huella sea como sea, ya que mi rostro estará oculto. Tres toques en la puerta hacen que mi cabeza se gire hacia aquella dirección. Es allí cuando mi padre se asoma por esta. —¿Ya estás lista? Asiento girando mi cuerpo hacia su dirección, para que pueda verme. -Vaya... Bea, estás increíble—. Camina hacia mi con una sonrisa de orgullo en su rostro. —Ya no puedo negar, que mi pequeña niña, ya no es tan pequeña. Es más evidente que heredaste la belleza de tu madre y gracias a Dios no la mía. Porque si fuera así, debería de ir matando a todos los que se te acerquen. Suelto una carcajada y niego con la cabeza. —Empezaste alagándome, luego alagando a mamá, solo con el fin de tirarte flores a ti mismo. —¿Que te puedo decir? Tan solo digo la verdad. Dice aquello con algo de arrogancia en su tono de voz y encogiéndose de hombros, cosa que me hace volver a reír. —Apartando lo bello que soy. Vine a traerte un regalo. Dejo de reír, esta vez para mirarlo con confusión. Es allí cuando me doy cuenta de que este tenía una mano escondida, detrás de su espalda. Frunzo un poco el ceño y este rebela lo que me estaba ocultando, extendiéndome una caja cuadrada de color azul oscuro y aterciopelada. —Toma, ábrelo. Extiendo mi mano para coger aquella caja y la abro, para observar un collar. Era un collar plateado de doble cadena, fino y delicado. Una cadena corta con un pequeño brillo al centro y otra más larga que caía en vertical, terminando en un colgante sutil. Levanto mi mirada hacia el, mirándole esta vez con asombro. No recordaba esta colección en ninguna de nuestras sucursales. Y realmente era una joya hermosa. —Papá... esto es hermoso... —Era un boceto de tu madre. Ella estaba trabajando en ello antes de que... Bueno... ya sabes—. Dice incapaz de terminar la frase. —No hace mucho la mandé a diseñar. Quería que tú llevarás uno de los últimos set diseñados por tú madre un día especial. Dado a que hoy es tu primera vez en un evento de tal importancia, quise darte algo especial. —Papá... Prácticamente me lanzo sobre el en un fuerte abrazo. Estaba conteniendo las lágrimas todo lo que podía, por el maquillaje. Pero una lágrima se desliza por mi mejilla izquierda, siendo incapaz en ese momento de detenerla. —Gracias, papá. Significa mucho para mí este regalo. Lo atesoraré con todas mis fuerzas...—. Susurro contra su cuello completamente conmovida. Nos apartamos y el da un paso hacia atrás. —Me alegro de que te haya gustado. Ven, déjame ponértelo. Asiento y me doy la vuelta asomándole la caja. Este agarra el collar y me lo coloca en el cuello para abrochármelo. —Bea... no quisiera estropear este momento, pero tengo algo importante que decirte. Termina de ponerme el collar y me doy la vuelta para mirarlo. Ya este tenia su expresión seria que lo caracterizaba, contrastando mucho con la expresión de padre orgulloso de antes. —Nael estará allí—. Suelta sin rodeos. —Sabes lo que significa eso, ¿verdad? —Si, que tengo que ser sumamente sutil y cuidadosa. —Exactamente. Confío en ti y sé que vas aprovechar esto al máximo. Pero no quiero que te precipites demasiado. Es tu primera vez en uno de estos eventos como m*****o de la familia. No quiero que todo gire alrededor de las misiones y de tu trabajo. No te presiones tanto, vas muy bien con tu investigación. Hoy solo preocúpate por pasarla bien y integrarte en este nuevo aspecto. —Está bien, eso mismo haré. El me muestra una sonrisa genuina y se la devuelvo con la misma sinceridad. —Bien, vamos. Tus hermanos y el chofer nos están esperando en el auto. No podemos hacer esperar más a los mellos. Ya sabes cómo se ponen de irritantes cuando se les hace esperar. Concuerdo con el con un asentimiento y camino hacia mi cama, donde tenía mi pequeña bolso de mano y la máscara. Agarro las dos cosas y vuelvo hacia donde estaba el, para salir de allí. Llegamos al lugar donde se realizará el evento, me colocó la máscara, atándola por debajo de mi moño y el chofer nos abre la puerta para que salgamos. Nada más salir, me sorprende miles de flashes que me dejan ciega por unos segundos y sin poder ver más allá de destellos de luces. —¡¿Quienes son?! —¡Creo que son los Salazar! —¡Si, son los Salazar! ¡Mira esas joyas tan preciosas que llevan! —Aquí, aquí. ¡Miren aquí familia Salazar! Los periodistas, prácticamente se nos abalanzaron rodeándonos con sus cámaras, haciendo que tenga que dar un paso hacia atrás. —¡¿Quién es la bella dama que lo acampaña el día de hoy, señor Salazar?! Giro mi cabeza hacia la derecha y me doy cuenta de que mi padre y mis hermanos, están la mar de tranquilos, sonriendo y saludándolos con la mano, mientras yo era un manejo de nervios al tener tanta atención de la nada. Mi padre se da cuenta de ello y toma mi mano con delicadeza posándola en su antebrazo, antes de darme un pequeño jalón discreto para que avanzara. —Ella es mi querida hija, Bea—. Anuncia mi padre con una sonrisa genuina. —¿¡Desde cuando tiene una hija, señor Salazar!? —¡Señorita Bea, aquí, mire aquí! Mi padre vuelve a tirar de mi para que avanzase sin contestar aquella pregunta y yo a duras penas camino, ya que ni yo misma me había dado cuenta de que me había detenido. Una vez pasamos la entrada, una mujer nos recibe con profesionalismo y nos pasa al salón. Al cruzar el umbral, las mirada se posan en mi familia y en mi a medida que vamos adentrándonos más y más. Puedo observar desde aquí la confusión reflejada en los rostros de los demás, al no entender quién era yo. —¿Esos no son la familia Salazar? —Creo que si. Las joyas que llevan son de su colección. —Pero entonces, ¿quién es la mujer que acompaña al señor Salazar? ¿Sera su nueva esposa? —No creo, se puede notar que la mujer es joven, aunque lleve la máscara. Demasiado colágeno para el. Logró escuchar aquella conversación de dos mujeres al pasar por su lado. Ladeo mi cabeza hacia ellas y las miro fijamente, para que sepan que las acababa de escuchar. Ellas desvían sus miradas y fingen estar bebiendo de sus copas. Menudas idiotas... Vuelvo a posar mi mirada al frente, justamente cuando nos detenemos a saludar a los anfitriones. —Hidalgos, gracias por invitarnos siempre a sus eventos—. Dice mi padre con cortesía. —Señor Salazar, ¿qué dice? Si para nosotros es un honor tenerlo siempre en nuestros eventos—. Contesta el señor Hidalgo, extendiéndole la mano. —Que va, el honor es mío por siempre tener a mi familia presente. Mi padre le estrecha la mano, despues estrecha la de su esposa y luego se la suelta, sujetándome de la cintura para darme un discreto empujón. —Está es mi hija Bea. Me presenta el, haciéndome un gesto con la mano para que salude. —Es un gusto, señor y señora Hidalgo. Extiendo mi mano con una sonrisa profesional. Primero me la estrecha la señora y luego el señor Hidalgo. —Vaya... Bruno, no sabía que tenías una hija. La tenías bien oculta—. Dice este con una sonrisa pero con un tono algo sospechoso. —Es que a ella no le gusta aparecer en sitios públicos y yo respeto eso. Pero hoy decidió venir por esta ocasión tan especial—. Explica mi padre con calma. El señor Hidalgo asiente lentamente y me suelta la mano, pudiendo así dar un paso hacia atrás para que salude a mis hermanos. Empiezan una conversación lo bastante aburrida para mí. Es por eso, que doy un paso más atrás para alejarme un poco de esa conversación y mirar a mi alrededor. Todos los asistentes, bebían y conversaban animadamente. Desde aquí pude distinguir a muchas familias a pesar de tener las máscaras. Ni cuánto dinero junto en un solo lugar. 𝐀𝐪𝐮𝐢́, 𝐮𝐧𝐨𝐬 𝐦𝐢𝐥… 𝐧𝐨, 𝐦𝐞𝐣𝐨𝐫 𝐝𝐢𝐞𝐳 𝐦𝐢𝐥… 𝐯𝐞𝐢𝐧𝐭𝐞 𝐦𝐢𝐥, 𝐪𝐮𝐢𝐳𝐚́ 𝐦𝐚́𝐬… Pienso con ganas de reírme, al empezar a contar cuánto patrimonio habría aquí. Fue allí cuando mis ojos se detuvieron en una persona. Tenía un traje azul oscuro y una máscara plateada. Pero no fue hasta que noté su color de pelo, que me di cuenta de quién era. Nael, ya lo había inventado tanto, que me conocía perfectamente ese pelo canoso. El estaba hablaba con una mujer, mostrándole una sonrisa completamente ensañada. Se notaba desde lejos que no quería seguir hablando con esa mujer, pero al parecer no tenía de otra. Una sonrisa divertida asoma por mis labios al ver aquello. Pero en ese mismo momento el ladea su cabeza hacia mí. Su mirada se clava en mi, y yo desvío la mirada hacia él frente ante esto. Mierda, me ha pillado mirándole. No creo que eso sea un problema, ¿no? Una mano en mi cintura, me saca de mis pensamientos y miro que es Jeremías, que me mira con confusión. —Camina Bea. Tenemos que ir a nuestra mesa. Asiento y vuelvo a caminar, no sin antes volver a mirar a la dirección donde minutos antes estaba Nael. Me doy cuenta que ni el ni la mujer con la que estaba charlando, estaban ahí. Así que, me encojo de hombros y sigo mi camino. Seguro ya se encerró en los baños con esa mujer. No se puede esperar menos de ese imbecil. Llegamos a nuestra mesa pero en vez de sentarme, agarró a Jeremías del brazo y me inclino hacia su oído. —Iré a buscar un trago ligero a la barra, ya que parece que solo están repartiendo champán—. Le susurro. Este asiente y me alejo caminando hacia la barra, con el fin de obtener algo que no sea un champán amargo, como le gustaba a los ricos. Me apoyó en la barra nada más llegar y le hago un gesto al camarero para que se acerque. —¿Qué le puedo ofrecer, dama? —Un espresso Martini, por favor. —Enseguida se lo preparo—. Contesta con una sonrisa cortés antes de alejarse a preparar mi bebida. —¿Una bella dama solitaria en busca de un espresso Martini? Que interesante... Ladeo mi cabeza rápidamente a la derecha al escuchar aquella voz repentina. Oh… Mierda...
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