𝐍𝐚𝐫𝐫𝐚 𝐁𝐞𝐚:
Agarro a Cassie del brazo y la coloco detrás de mí, observando fijamente a Mikaela.
—Te estaba buscando, pero resulta que te estabas escondiendo aquí, eh—. Dice Mikaela, alzando una ceja.
—Para ser una zorra insignificante, al parecer tengo mucha relevancia para ti. En vez de estar comiendo ahora mismo, decidiste saltártelo y venir a buscarme. Wow... qué bonito...—. Finjo conmoción, llevándome una mano al corazón.
Esta suelta una carcajada burlesca.
—No te creas mucho. Solo me salté la hora de comer con el fin de hacerte pagar por tu insolencia de esta mañana—. Da un paso adelante. —¿Realmente creíste que saldrías impune de todo esto?
Niego con la cabeza.
—Para nada, la verdad es que estaba esperando ver qué pretendías hacer.
Aparto la mirada para dirigirla detrás de ella y fijarla en las otras tres que estaban bloqueando la puerta.
—Por lo que veo, no eres capaz de "hacerme pagar por mi insolencia" tú sola. ¿De verdad es necesario que traigas a tres más por alguien insignificante?—. Digo antes de volverla a mirar con una ceja alzada.
Esta gira su cabeza para mirar hacia atrás y luego vuelve a posar sus ojos en mí, pero con una sonrisa ladeada.
—Ellas solamente están aquí para bloquear la puerta y que no salgas corriendo como una cobarde—. Ella hace una pausa para observar detrás de mí y abre los ojos algo sorprendida. —Espera... ¿Cassie? Oh, pero qué sorpresa encontrarte aquí.
Miro a Cassie y esta aparta la mirada hacia el suelo, sin contestar.
𝐀𝐥𝐠𝐨 𝐩𝐚𝐬𝐚 𝐞𝐧𝐭𝐫𝐞 𝐞𝐬𝐭𝐚𝐬 𝐝𝐨𝐬...
Vuelvo a mirar a Mikaela cuando esta da un paso hacia adelante, acción que hace que retroceda echando para atrás a Cassie.
—Vaya... Cassie, no sabía que necesitabas un guardaespaldas—. Esta extiende su mano. —Ven aquí.
No dice aquello como una petición, sino que lo hace como una orden.
Protejo más a Cassie detrás de mí, sin dejar que esta la toque o llegue hasta donde está ella.
—¿Por qué le das or...
No termino de hablar cuando Cassie se suelta de mi agarre y pasa por mi lado, comenzando a caminar hacia Mikaela.
Se posiciona a su lado, aún con la cabeza agachada.
Mikaela sonríe como toda loca que acaba de conseguir lo que quiere.
𝐕𝐚𝐥𝐞, 𝐞𝐬𝐭𝐨𝐲 𝐦𝐮𝐲 𝐩𝐞𝐫𝐝𝐢𝐝𝐚 𝐚𝐡𝐨𝐫𝐚 𝐦𝐢𝐬𝐦𝐨.
—Buena chica...
Levanta su mano como si fuera a acariciarle la cabeza, pero en vez de hacer eso, se la agarra y se la estira lo suficiente como para dejarla a la altura de su abdomen.
Ante esto, doy un paso hacia adelante, pero esta me detiene haciéndome un gesto con su mano libre.
—Ahora vienes conmigo o nuestra pequeña Cassie sufrirá las consecuencias por ti.
Esta jala más su cabello, provocando que Cassie suelte un quejido de dolor.
Mi mirada pasa de una a la otra, sin comprender nada.
¿𝐏𝐨𝐫 𝐪𝐮𝐞́ 𝐂𝐚𝐬𝐬𝐢𝐞 𝐧𝐨 𝐬𝐞 𝐞𝐬𝐭𝐚́ 𝐝𝐞𝐟𝐞𝐧𝐝𝐢𝐞𝐧𝐝𝐨?
¿𝐓𝐚𝐧𝐭𝐨 𝐦𝐢𝐞𝐝𝐨 𝐥𝐞 𝐭𝐢𝐞𝐧𝐞 𝐜𝐨𝐦𝐨 𝐩𝐚𝐫𝐚 𝐝𝐞𝐣𝐚𝐫 𝐪𝐮𝐞 𝐥𝐚 𝐚𝐠𝐚𝐫𝐫𝐞 𝐚𝐬𝐢́?
—¿No vas a hacer nada? En serio... ¿vas a dejar que tu amiga sea castigada en tu lugar?—. Ella me mira con incredulidad. —Joder, pensé que eras su amiga, pero ya veo que te da igual.
Esta se encoge de hombros y endereza a Cassie con un jalón rápido, preparándose para darle una bofetada.
Abro los ojos de par en par y me abalanzo hacia ella para sujetarle la muñeca con fuerza.
—Está bien, iré contigo, pero déjala ir—. Murmuro con los dientes apretados.
Mikaela sonríe triunfante y suelta a Cassie, empujándola hacia un lado, haciendo que esta se choque contra uno de los cubículos.
Corro hacia ella.
—¿Estás bien?—. Susurro inspeccionándola.
Ella asiente al borde de las lágrimas.
Giro mi cabeza hacia Mikaela y la fulmino con la mirada.
—Déjala ir, ella no tiene nada que ver en esto.
Mikaela niega con la cabeza.
—¿Y perder mi anzuelo para someterte? Negativo rubita—. Se hace a un lado y me señala la puerta. —Muévanse las dos, no tengo mucho tiempo.
Cierro los ojos y los aprieto, maldiciendo mentalmente.
𝐉𝐨𝐝𝐞𝐫...
Suelto un suspiro y vuelvo a abrir mis ojos para mirar a Cassie.
—Lo siento...—. Susurro con arrepentimiento real.
Esta se me queda mirando unos segundos.
—No... pasa nada. Es mejor hacer lo que ella quiere—. Dice con tristeza.
Asiento lentamente, agarrándole de la mano y empezando a avanzar hacia la puerta.
Salimos del baño, siendo seguidas desde atrás por Mikaela y por esas tres chicas.
Nadie dice nada mientras caminamos por el pasillo, haciendo que el ambiente se sienta más pesado de lo normal. Pero aun así, no me importa. Sabía que tenía que proteger a Cassie, dado a que ella no tiene nada que ver en nada de esto.
Aunque no sea amiga mía y solo quiera acercarme a ella con el fin de obtener esa invitación, no podía dejar que ella cargara con la culpa de algo en lo cual no tiene nada que ver.
𝐏𝐮𝐞𝐝𝐨 𝐬𝐞𝐫 𝐮𝐧𝐚 𝐬𝐢𝐜𝐚𝐫𝐢𝐚, 𝐩𝐞𝐫𝐨 𝐲𝐨 𝐬𝐢́ 𝐭𝐞𝐧𝐠𝐨 𝐡𝐮𝐦𝐚𝐧𝐢𝐝𝐚𝐝 𝐲 𝐝𝐞𝐣𝐚𝐫 𝐪𝐮𝐞 𝐠𝐨𝐥𝐩𝐞𝐞𝐧 𝐚 𝐂𝐚𝐬𝐬𝐢𝐞 𝐩𝐨𝐫 𝐦𝐢 𝐜𝐮𝐥𝐩𝐚, 𝐧𝐨 𝐞𝐧𝐭𝐫𝐚𝐛𝐚 𝐞𝐧 𝐦𝐢𝐬 𝐯𝐚𝐥𝐨𝐫𝐞𝐬.
Somos guiadas por una de las tres chicas que antes estaban bloqueando la puerta, hacia afuera de la universidad.
Esta nos conduce hasta la parte trasera del edificio, donde hay un callejón.
Nada más llegar, observo a tres chicos esperándonos apoyados en la pared y fumando.
Ladeo mi cabeza para mirar a Cassie cuando esta se detiene y puedo ver el terror en su rostro.
Ella retrocede soltándose de mi mano, pero es interceptada por tres chicos más que aparecieron detrás de nosotras de la nada.
Mikaela y las tres chicas caminan hacia los otros tres chicos y los saludan con familiaridad, mientras nosotras dos somos empujadas bruscamente hacia el centro por los otros tres.
Uno de los tres chicos que estaba hablando con Mikaela se aparta de ella y mira hacia nuestra dirección con sorpresa y alegría.
—Oh... pero si aquí tenemos a nuestra pelinegra favorita. Hola, Cassie—. Agita la mano con entusiasmo y luego se gira hacia el grupo. —Chicos, saluden a nuestra amiga y a nuestra nueva adquisición.
—¡Hola!—. Gritan todos con emoción.
Fulmino a todos con la mirada y vuelvo a intentar agarrar a Cassie de la mano, pero esta es jalada hacia atrás, siendo apartada de mi lado hacia un rincón.
Me giro para ir hacia ella.
—¡Hey, zorra! Detente ahí. ¿Quién te ha dicho que te muevas?—. Grita Mikaela, provocando que me detenga en seco.
Me volteo hacia ellos.
—Ya me tienen aquí, dejen que se vaya.
—Pero miren cómo nos da órdenes la muy perra—. Dice el mismo chico que reconoció a Cassie antes, provocando que los demás se empiecen a reír.
Este empieza a caminar hacia mí, hasta estar lo suficientemente cerca de mi rostro.
—Reconoce tu lugar. Tú no tienes ningún derecho a darnos órdenes a nosotros y menos en la posición en la que te encuentras ahora mismo—. Murmura con repulsión.
Me trago las ganas tan grandes que tengo de partirle los dientes, quedándome en silencio.
—Buena chica—. Sonríe con superioridad. —Mikaela, ¿tengo vía libre?
Todos, incluyéndome, centramos nuestra atención en ella. Esta se encoge de hombros y le hace una seña a uno, que corre hacia ella para darle un cigarrillo. Se lo enciende y ella se toma su tiempo para exhalar el humo y luego expulsarlo.
—Mi querido Jacob, puedes hacer lo que quieras, para eso te llamé. Pero recuerda dónde estamos. No podemos hacer ruido—. Dice con indiferencia, sin mirarnos a ninguno.
Jacob se vuelve a girar para mirarme con una sonrisa maliciosa en su rostro.
—¿Cómo te llamas, rubita?
Levanta su mano para acariciarme la mejilla, pero rápidamente aparto mi rostro, negándome rotundamente a contestarle.
El impacto contra mi mejilla es tan rápido que no me da tiempo a reaccionar ni a percatarme de ello.
Me acaba de dar una bofetada tan fuerte que mi mejilla palpita de dolor. Aun así, con el rostro girado hacia otro lado, no muestro ninguna expresión.
—¡Te pregunté que cómo te llamas, maldita!
Me alza la voz, pero no le contesto.
Este suelta una risa frustrante.
—¿No me vas a contestar?
No lo miro y menos le contesto. Me mantengo allí, en silencio y aún con el rostro hacia otro lado.
Es allí cuando, de pronto, siento dos manos en mi brazo derecho y otras dos en el izquierdo.
Miro hacia mis dos brazos sujetados por dos de los chicos y, sin darme tiempo a nada, me arrodillan ante él, sin soltarme.
Jacob se agacha a mi altura, con sus ojos clavados en mí.
—Te voy a dar una última oportunidad. ¿Cómo te llamas?
Sin contestación de mi parte.
Frunce el ceño y, sin más, me propina un puñetazo que me vuelve a girar la cara.
Su puñetazo es torpe, tan torpe que me vuelve a dejar sin ninguna reacción, pero igualmente siento el sabor metálico de la sangre en mi boca.
—¡Nora!—. Grita Cassie con desesperación.
Levanto mi mirada para mirarla y, con calma, le muestro una sonrisa genuina.
Esta aprieta sus labios, empezando a derramar lágrimas.
𝐍𝐨 𝐥𝐥𝐨𝐫𝐞𝐬... 𝐦𝐞 𝐬𝐢𝐞𝐧𝐭𝐨 𝐦𝐚́𝐬 𝐦𝐚𝐥 𝐩𝐨𝐫 𝐩𝐨𝐧𝐞𝐫𝐭𝐞 𝐞𝐧 𝐞𝐬𝐭𝐚 𝐬𝐢𝐭𝐮𝐚𝐜𝐢𝐨́𝐧 𝐪𝐮𝐞 𝐩𝐨𝐫 𝐞𝐥 𝐩𝐮𝐧̃𝐞𝐭𝐚𝐳𝐨.
Su puñetazo realmente me estaba dando igual. El problema era que me conocía muy bien y sabía que si él llegaba a provocarme algún indicio de dolor, yo perdería el control.
Odiaba sentir dolor. Desde joven, uno de mis entrenamientos era dejarme amarrada en una silla y soportar dolor de todo tipo, pero siempre terminaba de la misma manera: yo soltándome de las sogas y golpeando a mis entrenadores.
El dolor me nubla y me provoca rabia. Ese siempre será mi problema.
Aquello no terminó hasta que mis entrenadores, en busca de una solución ante mi cegamiento, encontraron que la única manera de retenerme era encadenarme. Tardaba más en soltarme y, para cuando ya lograba liberarme, ya había recibido mi entrenamiento de tolerancia al dolor, dejándome muchas veces agotada y desmayada.
Esto puede parecer duro para cualquier persona a la cual se lo cuente, ya que este tipo de entrenamiento empezó cuando tenía quince años. Pero ese extremo de entrenamiento era para ser una máquina de matar, la cual pueda aguantar cualquier cosa, no para ser débil e incapaz de afrontar lo que sea.
El inconveniente ahora mismo es que estos pueden actuar como quieran y yo puedo controlarme, pero no sé hasta qué cierto punto pueda controlarme si a estos les da por hacer algo extremo.
Jacob agarra mi barbilla con brusquedad y me obliga a mirarlo.
—Así que te llamas Nora, eh. No sabía que un nombre podía quedar tan bien para una zorra como tú.
𝐓𝐚𝐦𝐩𝐨𝐜𝐨 𝐞𝐬 𝐦𝐢 𝐧𝐨𝐦𝐛𝐫𝐞. 𝐀𝐬𝐢́ 𝐪𝐮𝐞, 𝐪𝐮𝐞́ 𝐦𝐞 𝐢𝐦𝐩𝐨𝐫𝐭𝐚...
Me suelta, empujándome hacia atrás, haciendo que caiga al suelo.
—Prepárenla para la grabación. Me gusta su forma de ser. Disfrutaré mucho rompiendo esa actitud de superioridad.
Se endereza y camina hacia donde estaba Mikaela, observando todo con una sonrisa satisfactoria.
Esta le da una calada a su cigarro, mientras dos chicos empiezan a quitarme la sudadera.
—Esperen... antes de desnudarla, golpéenla. No creo que sea suficiente que la graben—. Ordena ella.
Ellos me tumban en el suelo y, sin más, comienzan a golpearme sin parar.
Recibo patadas y puñetazos, pero ninguno duelen. Los recibo sin actuar.
—¡No, déjenla! ¡Nora!—. Grita Cassie.
—Damian, calla a esa idiota—. Ordena Mikaela.
Entre los golpes, puedo escuchar un forcejeo.
No sabía lo que estaba pasando, pero cuando levanto un poco mi cabeza para mirar hacia donde tenían a Cassie, ella ya no está allí.
—¡Mierda, se escapó!—. Avisa uno de los chicos que tenía agarrada a Cassie.
Los que me estaban golpeando se detienen y todos miramos hacia la salida del callejón, donde se puede ver a Cassie a lo lejos corriendo como si la vida le fuera en ello.
—¡Joder!—. Grita con frustración Mikaela, acercándose a ellos. —¿Sois tan idiotas que no podéis hacer algo tan simple como sujetarla?—. Pregunta antes de propinarles una bofetada a los dos.
Me incorporo como puedo y me siento en el suelo, con una gran sonrisa.
𝐏𝐨𝐫 𝐥𝐨 𝐦𝐞𝐧𝐨𝐬 𝐞𝐥𝐥𝐚 𝐬𝐞 𝐩𝐮𝐝𝐨 𝐥𝐢𝐛𝐫𝐚𝐫...
Suelto una carcajada ante esto.
—Qué imbéciles sois... —. Niego con la cabeza.
Una cachetada vuela directamente hacia mi rostro, haciendo que este se vuelva a girar.
—¡Tú cállate, maldita! No estás en posición de reírte—. Grita Jacob cerca de mí. —Ustedes dos, vayan detrás de ella y tráiganla. ¡Ya!—. Les ordena a esos dos chicos apuntándoles, haciendo que estos salgan corriendo hacia la salida.
Vuelve a mirarme y enreda sus dedos en mi mata de pelo, provocando que mi cabeza se levante para mirarlo.
—No creas que te has salvado. Todavía no he acabado contigo.
Lo miro con desprecio, cosa que parece que esto lo enoja más, porque me jala hacia arriba, obligándome a levantarme.
Me arrastra más adentro del callejón, hasta el fondo donde veo una puerta, justamente a la izquierda.
Abre la puerta y me lanza dentro, para luego entrar con los demás siguiéndole detrás.
Cierran la puerta y, cuando logro incorporarme, observo que estamos en una especie de almacén algo abandonado.
El almacén es pequeño y bastante desordenado. Hay estanterías metálicas a los lados llenas de archivadores, cajas y objetos viejos. También se ven monitores antiguos, cables, herramientas y varias cajas apiladas hasta el fondo. Básicamente, era un almacén de la universidad, donde parecía que guardaban cosas que ya no necesitaban.
Escupo sangre en el suelo, ya que se me estaba acumulando en la boca, y los vuelvo a mirar.
¿𝐃𝐞𝐛𝐞𝐫𝐢́𝐚 𝐝𝐞 𝐩𝐚𝐫𝐭𝐢𝐫𝐥𝐞𝐬 𝐲𝐚 𝐮𝐧𝐚 𝐩𝐢𝐞𝐫𝐧𝐚 𝐚 𝐜𝐚𝐝𝐚 𝐮𝐧𝐨?
¿𝐀𝐟𝐞𝐜𝐭𝐚𝐫𝐚́ 𝐞𝐬𝐨 𝐚 𝐦𝐢 𝐛𝐞𝐜𝐚?
𝐂𝐥𝐚𝐫𝐨 𝐪𝐮𝐞 𝐥𝐨 𝐡𝐚𝐫𝐚́.
𝐏𝐞𝐫𝐨 𝐞𝐧𝐭𝐨𝐧𝐜𝐞𝐬, ¿𝐪𝐮𝐞́ 𝐡𝐚𝐠𝐨?
𝐍𝐨 𝐩𝐮𝐞𝐝𝐨 𝐝𝐞𝐣𝐚𝐫 𝐪𝐮𝐞 𝐞𝐬𝐭𝐨 𝐯𝐚𝐲𝐚 𝐚 𝐦𝐚́𝐬, 𝐩𝐞𝐫𝐨 𝐭𝐚𝐦𝐩𝐨𝐜𝐨 𝐩𝐮𝐞𝐝𝐨 𝐦𝐨𝐬𝐭𝐫𝐚𝐫𝐦𝐞 𝐚𝐡𝐨𝐫𝐚 𝐜𝐨𝐦𝐨 𝐮𝐧𝐚 𝐠𝐞𝐧𝐢𝐚 𝐞𝐧 𝐚𝐫𝐭𝐞𝐬 𝐦𝐚𝐫𝐜𝐢𝐚𝐥𝐞𝐬, 𝐩𝐨𝐫𝐪𝐮𝐞 𝐞𝐬𝐨 𝐜𝐨𝐦𝐩𝐥𝐢𝐜𝐚𝐫𝐢́𝐚 𝐥𝐚 𝐦𝐢𝐬𝐢𝐨́𝐧.
𝐍𝐚𝐝𝐚... 𝐧𝐨 𝐭𝐞𝐧𝐠𝐨 𝐨𝐩𝐜𝐢𝐨́𝐧.
𝐉𝐨𝐝𝐞𝐫... 𝐚𝐡𝐨𝐫𝐚 𝐭𝐨𝐝𝐨 𝐪𝐮𝐞𝐝𝐚 𝐞𝐧 𝐥𝐚𝐬 𝐦𝐚𝐧𝐨𝐬 𝐝𝐞 𝐂𝐚𝐬𝐬𝐢𝐞. 𝐄𝐬𝐩𝐞𝐫𝐨́ 𝐪𝐮𝐞 𝐩𝐮𝐞𝐝𝐚 𝐬𝐚𝐜𝐚𝐫𝐦𝐞 𝐝𝐞 𝐞𝐬𝐭𝐚.
—Desnúdenla, no perdamos más tiempo—. Ordena Mikaela.
Frunzo el ceño al escuchar eso, haciendo que eso me saque de mis pensamientos.
Retrocedo en el suelo, alejándome como puedo de ellos.
—Esperen...
Trato de decir, pero los chicos comienzan a avanzar hacia mí.
Unos me agarran de los pies y otros de los brazos, mientras empiezo a retorcerme para que me suelten.
—¡Suéltenme!
Grito, pero estos no me hacen caso. Jacob se agacha a mi altura y lleva sus manos hacia mis pantalones para bajarlos.
𝐌𝐢𝐞𝐫𝐝𝐚... 𝐞𝐬𝐭𝐨𝐲 𝐣𝐨𝐝𝐢𝐝𝐚.
𝐀 𝐥𝐚 𝐦𝐢𝐞𝐫𝐝𝐚 𝐥𝐚 𝐦𝐢𝐬𝐢𝐨́𝐧. 𝐍𝐨 𝐯𝐨𝐲 𝐚 𝐝𝐞𝐣𝐚𝐫 𝐪𝐮𝐞 𝐞𝐬𝐭𝐨𝐬 𝐦𝐢𝐞𝐫𝐝𝐚𝐬 𝐦𝐞 𝐯𝐢𝐨𝐥𝐞𝐧.
Ya está dispuesta a dejar de fingir ser débil y a romperles la boca, cuando de pronto la puerta se abre con brusquedad, haciendo que ellos se detengan y todos dirijamos la mirada hacia allí.
Por la puerta entran Oliver, Cassie y, por último, Nael.
Oliver luce bastante enojado y Cassie asustada, pero Nael está con una expresión como si hubiera sido obligado a venir.
Los chicos me sueltan rápidamente y se apartan para posicionarse detrás de Mikaela. En cambio, Mikaela luce sorprendida y algo enojada.
—Joder, Mikaela. ¿Estás loca?—. Pregunta Oliver poniéndose frente a ella. —¡Dijiste que dejarías de hacer estas cosas!—. Grita.
Cassie corre hacia mí y prácticamente se abalanza hacia mí, a inspeccionarme.
Hago una mueca de dolor cuando esta, sin querer, me toca la mejilla. Ella se da cuenta de eso y retira su mano.
—Lo siento... tardé mucho... tenía que haberme librado de ellos mucho antes—. Dice esta sollozando.
Niego con la cabeza y le muestro una sonrisa de agradecimiento.
—Has llegado... justamente a... tiempo—. Digo con algo de dificultad. —Anda... deja de llorar...
Ella asiente lentamente, mirándome con tristeza.
Nuestra atención va hacia adelante, donde Oliver sigue mirando a Mikaela con enojo.
—Esta perra se lo merecía. ¿No viste cómo me humilló delante de toda la clase?—. Pregunta Mikaela.
—¡Mikaela, era un simple asiento!—. Responde Oliver en un grito.
—¡No hago esto por el puto asiento! ¡Lo hago por su actitud de superioridad, cuando es una maldita moribunda!—. Grita también ella.
Oliver se pasa las manos por el cabello con frustración.
—Eso da igual. ¿No entiendes que ya no estamos en la secundaria y que ya estamos una universidad? Esto es más serio—. Bufa. —Joder, Mikaela. Pensaba que antes hacías este tipo de cosas porque eras una niñata mimada y caprichosa. Pero ya eres adulta para tener este tipo de actitudes.
Mikaela retrocede, con expresión ofendida.
—¡Maldición! ¿Por qué tú también la estás defendiendo? Antes fue este—. Señala a Nael. —Y ahora tú. ¿Por qué no me entienden?
Oliver la mira con incredulidad y niega con la cabeza.
—Todavía no comprendes que no es que la estemos defendiendo, sino que tú estás actuando mal, ¿no? —. La señala. —Tú no tienes ningún asiento asignado. Tú no tienes por qué ponerte así porque tengas que sentarte en otro lado. Y tú no tienes ningún derecho a lastimar a nadie porque te da la gana.
𝐁𝐮𝐦... 𝐭𝐨𝐦𝐚 𝐲𝐚.
Esta abre la boca dispuesta a contestarle, pero Nael, que hasta ahora ha estado en silencio fumándose un cigarrillo de lo más tranquilo, da un paso hacia delante y se posiciona entre ellos.
—Se acabó. Basta de tanto gritar. Ya me duelen los oídos de tanto drama—. Hace una mueca de desagrado. —Luego, con más calma, hablamos todos, porque por lo que veo, todos están muy tensos y eso me da más dolor de cabeza.
Nada más decir eso, mira a todos.
—Vamos, salgan todos de aquí—. Ordena con calma.
Todos salen sin decir nada, incluido Mikaela, que se va luciendo furiosa, pero justo cuando pasa el umbral de la puerta, veo una sonrisa triunfal de unos segundos antes de desaparecer.
Frunzo el ceño ante esto.
𝐀𝐥𝐠𝐨 𝐧𝐨 𝐜𝐮𝐚𝐝𝐫𝐚 𝐚𝐪𝐮𝐢́...
Cassie me ofrece la mano para ayudarme a pararme, sacándome de mi confusión, y se la tomo, alejando de mi mente lo que acababa de ver por ahora.
Me levanto con su ayuda y miro hacia el frente, para darme cuenta de que Nael todavía seguía allí junto a Oliver.
—Esperen afuera, tengo que decirle algo a la rubita—. Dice Nael a los dos.
Ellos asienten y salen, esperando justamente afuera como pidió él.
Nos quedamos solo nosotros dos allí, provocando que frunza el ceño.
𝐀𝐥𝐠𝐨 𝐚𝐧𝐝𝐚 𝐦𝐚𝐥...
𝐋𝐨 𝐩𝐫𝐞𝐬𝐢𝐞𝐧𝐭𝐨.
Este empieza a acercarse a mí, hasta que se detiene a centímetros y se inclina hacia mi oído.
—Te dije que en estos meses podía pasar cualquier cosa. Rubita... esto tan solo fue una advertencia. Empieza a bajar esas notas, hermosa.
Me susurra antes de incorporarse, mirarme con una sonrisa ladeada, para luego girarse y sale de allí.
¿𝐐𝐮𝐞́ 𝐝𝐞𝐦𝐨𝐧𝐢𝐨𝐬...?